La forja

10.- “Desde mi barrio a mi colegio”. “La forja” de Arturo Barea.

I.- “Desde mi barrio hasta mi colegio”

“ Todos los días durante muchos años de mi vida, he bajado desde las puertas del Palacio Real…
… a las puertas del Mundo Nuevo”.    

 “La forja” de Arturo Barea:

Para este itinerario nos vamos a centrar exclusivamente en “La forja” , primer volumen de la trilogía: “La forja de un rebelde” que relata la niñez y adolescencia del protagonista hasta el año 1914. En este primer volumen de la trilogía, el relato autobiográfico se refiere  a situaciones vividas entre los años 1907 y 1914. En “La forja” Arturo Barea narra las historias, andanzas y experiencias  de su niñez y adolescencia  en el Madrid de principios de siglo y describe con precisión y expresividad la vida y calles de Madrid. El relato escrito desde la madurez del locutor de la BBC que ha vivido situaciones personales, sociales y profesionales increíbles, muestra con sencillez y vigor el retrato de una sociedad injusta, pobre y estancada.   Asombra observar la precisión  y fuerza con la que Barea recuerda y vive de nuevo anécdotas, situaciones y sentimientos pasados y se observa con nitidez su rabia ante la pasividad de una población que sufre con resignación grandes injusticias. Las reflexiones críticas y la selección de acontecimientos que como narrador realiza se explican por la distancia temporal entre los hechos narrados y su situación de hombre maduro, exiliado de su país y separado de su familia: “Veo hoy la escena con ojos que entonces no tenía”, nos confiesa cuando recuerda sus juegos con Ángel, el repartidor de El Heraldo y Esperancita en el Café Español. Esta posición es similar, salvando todas las distancias,  a la del narrador de El Lazarillo cuando desde la madurez del hombre bien asentado en Toledo le cuenta a Vuesa Merced “su caso”.

En “La forja” resalta la sencillez con la que el protagonista habla de su vida, de sus juegos y de las actividades realizadas por un muchacho  despierto que mira y valora con ojos críticos la realidad familiar y social que le rodea. Asistimos con naturalidad a la formación férrea (forja) y a la evolución de un  personaje que nos conmueve por su sinceridad y ternura con la que expresa el cariño hacia su madre y su aparente ingenuidad al relatar hechos vividos en el colegio, en los juegos infantiles con sus amigos del barrio, en su primeros trabajos o en las relaciones con sus primos de Navalcarnero y nos impresiona por su valentía y seguridad al enfrentarse a su tía con 13 años y  a las injusticias que vive en el Banco con 17 años.  Madrid  con sus calles, cafés, teatros, cines, estaciones de autobuses, librerías, bancos, perfumerías, colegios y monumentos es el espacio que da soporte a este enorme cuadro de personajes, situaciones y vidas retratadas. En la novela también hay lugar para los  pueblos cercanos  a Madrid –Brunete, Méntrida y Navalcarnero-  en los que el niño pasaba los veranos rodeado de parientes  con los que mantenía enormes diferencias. La descripción de los carruajes y de los viajeros que van desde  la Cava Baja (posada San Andrés) hasta  los pueblos es tan viva y pintoresca que nos permite oler el pan y el trozo de tortilla que le dio el viajero que iba a Brunete. Las descripciones de Madrid y de sus gentes nos recuerdan  la ciudad descrita por Galdós  y Baroja aunque la actitud , el estilo y la intención son  notablemente distintas.

La obra se estructura en dos partes de diez capítulos cada una con extensión y organización muy similar. La primera parte relata los años de formación del niño y en la segunda se observa una mayor actuación del joven Barea, mucho más crítico y rebelde. El capítulo X, último de  la parte I: La Iglesia, sirve de transición entre ambas partes y muestra el despertar crítico del estudiante de Bachillerato que  (9)“Hasta ahora he creído en Dios…Pero ahora ya no puedo evitar el comparar todas las cosas que veo con esa idea de un Dios absolutamente justo, y me asusto de no encontrar su justicia por ninguna parte….Pero ya no puedo rezar” . Y que  decide ” Quiero saber, saber mucho más, porque es la única posibilidad de llegar a ser rico y, cuando se es rico, se tiene todo, hasta el cielo”.. “No veo que  para ganar el cielo, los ricos se metan a pobres”.  (166) 

  • La primera parte se corresponde cronológicamente con los años de la niñez que transcurre en la zona de Palacio, Teatro Real, Lavapiés y pueblos cercanos donde pasa las vacaciones de verano y visita a los parientes. Barea vive en el CENTRO, barrio de Arenal con sus tíos  pero  ” dos días por semana voy a la buhardilla, porque mi tío dice que tengo que ser como mis hermanos y no creerme el señorito de la casa. No me importa: me divierto más que en casa de mis tíos… porque ni voy al rosario, ni rezo por la mañana ni por la noche”. En el verano va a la buhardilla los lunes y martes que son los días que su madre baja al río a lavar. Él la acompaña y así pasa los días en el campo. El primer capítulo de esta parte I no tiene título, es  una presentación de los dos espacios en los que transcurre su vida infantil: los lavaderos de la Casa de campo, la casa de sus tíos cerca de Arenal, los juegos infantiles en el barrio de palacio, el paseo desde la Virgen del Puerto hasta la Cuesta de la Vega pasando por el Viaducto,  la descripción de la buhardilla y su lectura de “los hijos del Capitán Grant” mientras espera la cena. Los siguientes nueve capítulos sí aparecen titulados. Los correspondientes a los números III, IV y V  (Rutas de Castilla, Tierras de Pan, Tierras de Vino) se refieren a los pueblos madrileños donde Barea pasa los meses de verano. Los  numerados como II, VI, VII, VIII y IX se tiulan:  Café Español, Antesala de Madrid,  Madrid, el Colegio, el Teatro Real . El capítulo X, La  Iglesia .

En esta primera parte hay unos datos que permiten  fijar el tiempo del relato:

-1902: Polvorín de Carabanchel

1906: Terremoto de san Francisco

1908: terremoto de Messina

1910: Paso del cometa Halley

1910 a 1914: Trabajos de Barea

La segunda parte se refiere a  la adolescencia: Iniciación al hombre, se llama el 2º capítulo que sigue al de “La muerte” en el  que relata la profunda desolación  que le produce la  muerte del tío José (1910). En esta 2ª parte más cargada de reflexiones  hace una “revisión de la infancia” (cap. IX),   y también una  revisión dolorosa de  la situación española: el injusto mundo del trabajo, los enfrentamientos encarnizados entre familiares, el colegio,  la iglesia, el capitalismo,  el proletariado y su pérdida de la fe. El último capítulo: “Rebelde” es un grito de protesta  contra esa resignación expresada por Rafael :“a los pobres nos toca aguantarnos”, contra el inmovilismo y el tradicionalismo compartidos por muchos, contra la hipocresía de los curas. Es el estallido y liberación de un joven de 17 años, harto de trabajar, cansado de una sociedad injusta , dolido por una vida llena de afectos y desafectos,( los besos a escondidas de su madre en la cocina de casa de sus tíos y en el Café Español ) que se enfrenta individualmente a Corachán , su Jefe en el Banco, al que llama ladrón y canalla, y al que le enseña su carnet de La casa del Pueblo y al que  le exige que le pague la liquidación  el mismo día en que él se ha despedido y que le entregue el certificado de dimisionario. Cuando sale a la calle de Alcalá, escucha las voces de los vendedores de periódicos que anuncian que “ha estallado la guerra europea”. Es 1914.

La rebeldía del último capítulo de la novela se forja mucho antes cuando Barea , con escasos trece años, se enfrenta a su tía y abandona su protección para marcharse con su madre y cuando decide rechazar el ofrecimiento del rector de las Escuelas Pías  para que ingrese como interno pobre para continuar sus estudios de Bachillerato. En este momento vuelve a valorar la sensibilidad del Padre Joaquín que  se sienta a su lado, calma su excitación  y lo escucha. Al final le dice “Tienes razón…No se puede hacer nada . A este niño lo han estropeado entre unos y otros. Lo mejor es dejarle que vea la vida”(1)

En esos tres momentos siempre contó con el amor y comprensión de su madre. Ambos abandonan la casa de los tíos después de la muerte del tío: él va tan orgulloso y ella pensativa y llena de dolor porque todo esto aleja  su deseo de que el niño fuera ingeniero, pero no hay ni una recriminación a la actitud fuerte y rebelde del michacho.

El libro se cierra con el recuerdo lleno de ternura hacia su madre que, abatida y triste , por el relato que acaba de contarle, le acaricia como siempre la cabeza y ” le dice: Ves como todavía eres un niño“. Esa ternura y amor hacia su madre es quizá uno de los rasgos más destacados de esta novela.

Las características específicas de esta obra  y su amplitud permiten organizar cinco rutas:

Desde la lavandería a casa

La zona de Palacio

De Madrid hasta Navalcarnero

Mi colegio

Mis trabajos.

En “Desde mi barrio hasta mi colegio”  pasearemos por las calles que él recorrió “ Todos los días, durante muchos años de mi vida de niño he bajado desde las puertas del Palacio Real a las puertas del Mundo Nuevo”.  En este paseo que atraviesa la obra como si fuera su columna vertebral, visitaremos dos zonas muy diferentes y muy queridas por Barea: la zona de Palacio y la de Lavapiés. Dos caras opuestas de una ciudad  que reflejan la experiencia dura  de un niño que vive las dos realidades representadas una  por el barrio acomodado en el que viven sus tíos y la otra , por el Colegio situado en la zona de Lavapiés donde viven su madre y sus hermanos. El camino “desde mi barrio  hasta mi colegio” se percibe también  como un descenso físico y social  desde el barrio rico hasta el barrio bajo. El paseo nos permite descubrir las desigualdades sociales, la pobreza y la miseria que marcaron la formación de un niño que se desarrolla en un ambiente difícil  en el que nos conmueve el amor hacia su madre, su deseo constante de ganar dinero para retirarla del trabajo de lavandera, el recuerdo cariñoso hacia su tío, el aprecio por los personajes más pobres,  la alegría de  tantas tardes de juegos infantiles y la visión desengañada ante la hipocresía de otros personajes.

En este punto es importante señalar la actitud contradictoria del joven Barea que por una parte sufre cuando sus parientes y su propia hermana lo tachan de señorito, pero se envanece y disfruta íntimamente  cuando comprueba que él ha conseguido hacerse amigo de los niños ricos antes que Cerdeño y Sastre porque “no vivo en una casa de corredor, sino en un barrio rico y conozco muchas cosas que ellos no conocen”, además porque él va mejor vestido, y no se entretiene  como sus amigos con juegos y formas más propias de golfillos  como comer espigas verdes  y gallinejas en la clase y hablar como los de Lavapiés. También se enorgullece cuando las criadas se sorprenden de que un niño tan bien vestido:” cuello almidonado, chalina de seda, blusita de marinero con bordados de oro y zapatos brillantes de charol” reparta el periódico, porque lo hace por gusto y no por necesidad

En otro momento de la obra dice ” Tratando con los chicos ricos, me encuentro más entre los de mi igual”. En otros pasajes también siente satisfacción cuando las lavanderas y mozos lo admiran por su éxito académico  y laboral y por su aspecto distinguido en el vestir.

Estos sentimientos se contraponen a la  tristeza y rabia hasta las lágrimas, cuando el minero asturiano se refiere a él como el hijo de la lavandera.

En este recorrido visitaremos los lugares señalados en la obra y abordaremos los temas de la  situación política de España, de los barrios  y urbanismo de Madrid, de la educación y del trabajo de la mujer en el primer tercio del siglo XX.



RECORRIDO

“Aquí tenemos nuestro barrio y nuestra ley”.

“ Nuestro barrio se extiende aún por un dédalo de callejas antiguas hasta la calle Mayor. Son calles estrechas y retorcidas(… ) Tienen nombres pintorescos: primero los santos, Santa Clara, Santiago; después los nombres heroicos, Luzón, Lepanto, Independencia, finalmente los e fantasía: Espejo, Reloj, Escalinata. estas calles son las más viejas y las másretrorcidas, las que sirven mejor para jugar a justicias y ladrones. Tienen solares con vallas rotas y ruinas dentro, casas viejas con portales vacíos, patios de piedtra con árboles solitarios, placitas más pequeñas que la calle. Se retuercen y se enroscan favorables al escondite y a la huida ” (103) 

La relación con sus tíos, el cariño de su madre, sus visitas diarias al Café Español,  los juegos con sus amigos, sus salidas al cine, los puestos de libros de Callao y sus visitas al Teatro Real evocan  con nostalgia ese  Madrid que “ huele mejor. No huele a mulas, ni a sudor, ni a humos, ni a corrales sucios… Madrid huele a sol por las mañanas (101). Con orgullo refiere todo lo que ese ambiente le ha proporcionado: buena formación, comodidad y  buenas amistades

Los recuerdos del Avapiés son de su madre, de sus hermanos,  de la buhardilla, del colegio y de los mendigos.  Hay pocas referencias a sus juegos infantiles en esta zona. Desde la buhardilla los lunes y martes del verano sale para acompañar a su madre al lavadero. Allí juega con los hijos de las otras lavanderas y vuelve con su madre y el tío Manuel a la buhardilla. Este niño pobre criado como un señorito no juega ni se mezcla con los golfillos del barrio bajo. Cuando va al colegio tampoco tiene que hacer fila con los niños pobres porque cursa ya Bachillerato gracias a las  Matrículas de Honor conseguidas con gran esfuerzo en el Instituto San Isidro.

“Si resuena «el Avapiés» en mí, como fondo sobre todas las resonancias de mi vida, es por dos razones: Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y a maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal y como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba. Esta es una razón. La otra razón es que allí vivió mi madre. Pero esta razón es mía.”

ITINERARIO

1.Plaza de Isabel II

2.Calle Arenal

3.Teatro Real

4. Café Español

5. Plaza de Oriente

6. Palacio Real

7. Calle de Bailén

8.Calles cercanas a la calle Mayor:

           Plaza de Ramales

           Lepanto

           Vergara

           Plaza de Santiago

           Santa Clara

          Amnistía

         Independencia

         Unión

         Lemus

        Espejo

       Santiago

9. Puerta Cerrada- Pasa- Plazas del Conde de Miranda y de Barajas- Colegiata

10. Plaza del Progreso (TIRSO DE MOLINA)

11. El Avapiés

12. Calle de las Urosas

13. Mesón de Paredes

14. Encomienda- Plaza de Cascorro

15.Embajadores

16 Cabestreros

17.Calle de Sombrerete

18. Calle del Tribulete

19. Mi colegio

20. Plaza de Arturo Barea


1.- Plaza de Isabel II:

“ Los mendigos se reúnen todos debajo de los arcos inmensos de la Plaza de Isabel II, donde ya tienen preparadas sus camas de periódicos y pajas”.

La Plaza de Isabel II , también conocida como plaza de Ópera, es la plaza central de este barrio. Es un espacio amplio, abierto a  seis calles y en el centro  se encuentra el acceso a la  parada del metro  de Ópera.

estatua
Estatua de Isabel II en la Plaza que lleva su nombre

Antiguamente se llamaba plaza de los Caños del Peral, debido a su fuente con 57 pilas y sus correspondientes caños que en su día servían para beber y lavar la ropa, además de cómo elemento ornamental. Debajo de la plaza, entrando por la boca de metro, se puede acceder al Museo de los Caños del Peral en el que  se conservan restos de la antigua fuente. En la superficie se ha instalado una fuente nueva en recuerdo de la antigua Fuente de los Caños del Peral, de menores dimensiones.

La plaza es el resultado de la desaparición de algunas callejas como la de San Bartolomé, Quebrantapiernas.

Debajo de la plaza hay aguas subterráneas que procedían de la Plaza Mayor. Aquí estaban las huertas de la Reina y de la Priora y en la esquina con la calle Vergara  la Puerta de Balnadú. La plaza se construyó  al rellenar el  barranco que la atravesaba y que enviaba sus aguas al Manzanares a través de  lo que hoy es Plaza de Oriente. La profundidad del cauce se puede calcular observando el desnivel con de la calle del Espejo y de la calle Escalinata. Las fuentes del Caño del Peral estaban situadas a 8 metros de profundidad sobre el nivel actual de la plaza.

En  centro de la plaza se levanta la estatua dedicada a la reina Isabel II, réplica realizada en 1944 de la original instalada en la plaza en 1850. La estatua original, de bronce, era obra de José Piquer y ha tenido muchos cambios de ubicación:  vestíbulo del Teatro Real, después al Senado y de nuevo a su lugar original, hasta que en 1931, proclamación de la  Segunda República,  fue destruida.

En la plaza nos encontramos con:

-La Fachada este del Teatro Real que vemos en la foto anterior.

-Una maqueta de la muralla árabe  en la    que se observa perfectamente el barrio musulmán cercado por su muralla, el Alcázar con su Medina que se extendía por el espacio que hoy ocupa la  Plaza de la Armería y la Catedral de la Almudena.

– Fuente del caño del Peral y maqueta explicativa.

fuente
Fuente del Caño del Peral.

-El  Real Cinema ( Cine de la Ópera, en la República) situado en la esquina Noreste de la plaza fue construido para sala de cine por Teodoro Anasagasti en el año 1920.  A su inauguración, el 20 de mayo de 1920, acudió Alfonso XIII  y se proyectaron varios cortos: “Francia pintoresca, el cuarto nº 23, La hija de plata y las vacaciones de Solly.” El local contaba con mil butacas , 54 palcos y fue en su tiempo uno de los más grandes de España. En el verano se proyectaban películas en la terraza. Tras los daños sufridos en la Guerra Civil  y las posterior demolición en los años 60, El edificio se reformó y adaptó como cinerama y multicines. En esa reforma ya no se levantó su elegante torre circular en la esquina con la calle de la Priora.  En la actualidad está cerrado y en sus bajos hay una discoteca. Este cine y el Pavón son ejemplos significativos de la arquitectura Art Decó.

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Real Cinema. 1920 Foto procedente de “pasionpormadrid.blogspot.com”

Anasagasti es autor de otros edificios importantes como  el Teatro Pavón, Teatro Monumental, el de Fuencarral, Edificio ABC de Serrano y el de la Gran Vía 32 , donde estuvieron los famosos almacenes Madrid- París , luego Sepu y ahora Primark. DIVERSIONES: CINE, Teatro, Libros, café.

Como dato curioso podemos decir que el 1º de mayo de 1911 salió de esta plaza una numerosa manifestación organizada por 46 sociedades afiliadas a la UGT entre las que destacaba la del gremio de los albañiles. A la manifestación acudió Pablo Iglesias y Largo Caballero y se cantó “La internacional” y “La Marsellesa de la Paz”, himno socialista compuesto por Julián Laiseca.

2.- Calle Arenal  (Desde la Puerta del Sol hasta la Plaza de Isabel II)

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  “En la calle Arenal hay nuevos faroles de gas con mechero de camisa y es como si toda la calle estuviera llena de luna”

Faroles

Esta calle contó con alumbrado público de gas desde 1832, año en el que se inaugura la iluminación de las calles de Alcalá, Montera y Carmen, entre otras muchas. La  iluminación con gas fue muy utilizada en las ciudades importantes por su bajo coste económico hasta mediados del siglo XX. Al principio las farolas se encendían a mano y después se incorporó un mecanismo de encendido automático.

Lo más parecido a los faroles de gas con mechero de camisa es el camping – gas que aún se sigue utilizando en acampadas.

Estos faroles nuevos son diferentes a los viejos faroles de gas de la calle Vergara, que proyectaban  sus llama de raja de melón y su soplo silbante.

En la obra se citan también los faroles de gas de llama libre que hay en la puerta de su casa que se proyectan en la acera blanca de luna como cerillas amarillentas y en las aceras sin luna como rincones temblorosos de luz.

En la zona también existen las farolas cuadradas de hierro del Teatro debajo de las que los mendigos  cuentan  la calderilla de sus propinas.

La iluminación eléctrica de la Puerta del Sol se inaugura en 1878.

La calle Arenal vivió sus años de mayor esplendor a mediados del XIX cuando estaban en su apogeo las “noches” del Real. Multitud de coches acercaban a aristócratas, burgueses y “señorones” hasta el Real donde actuaban los mejores artistas de ópera. Famosos como Adelina Patti, el ruiseñor madrileño de origen italiano, nacida en la Calle Fuencarral, actuaron en la  década de los 60 del XIX.

El nombre de Arenal procede del terreno arenoso a ambos lados del arroyo que corría  entre las parroquias de  San Ginés y la  de San Martín y desaguaba en el Manzanares y cuyo nivel, originalmente más bajo, se fue elevando con el relleno de los desmontes de  las zonas vecinas. El barranco de la Zarza se extendía hasta la Puerta del Sol. En el acceso a la calle Escalinata hay todavía un gran desnivel que recuerda estos orígenes. Esta calle  se llamó ante de los Tintes.

En esta zona estuvieron los famosos los Baños de Oriente (turcos y romanos) que utilizaban las aguas soterrañas de los antiguos Caños del Peral

En el año 1656, Madrid compra terrenos para ensanchar esta calle desde la Iglesia de San Ginés hasta la entrada de la calle de las Hileras.

Pedro de Répide en sus “Calles de Madrid” dice que durante la dominación árabe esta zona era conocida como “el arena” barrio cristiano en el que hubo un santuario (Antiguo San Ginés?) en el que oraba San Isidro, trabajador de la quinta de  Dª Nufla. Este puede ser el origen del nombre de la calle.

La casa de los tíos

Arturo Barea vive con sus tíos en el tercer piso de una casa  situada en una calle perpendicular a la de Arenal que hace esquina con la de la Amnistía. La casa estaba muy cerca del Café Español y de la Plaza de Oriente en la zona de la izquierda porque él no cruza ninguna calle para avisar a su amigo Ángel que está en el Café Español.

Con los datos que conocemos nosotros, la casa debía estar en la calle de la Independencia o en la de la Unión. Yo creo que la casa pudo estar en la Calle de La Unión que aunque esta  no hace esquina con Arenal, sí la hace con la de la Amnistíay es una calle empinada como la que describe cuando ve subir el coche en el que trasladaban a su tío josé ya muy enfermo. Esta es una calle que  él no nombra y sí habla de la de la Independencia cuando recuerda a su amigo Eladio.

 “Por la esquina de la calle da vuelta un coche de punto y el gato y yo nos levantamos a mirar. El caballo sube el trozo de cuesta despacio y se para en la puerta de casa…. Entre los cuatro sacan del coche al tío José. El techo negro del coche se inclina con el peso de todos y parece un espejo negro al sol, dándome reflejos en la cara… y yo abro la puerta y me tiro escaleras abajo” (173).

Cuando su madre y él abandonan la casa de su tía después de la discusión en la que el niño se rebela ( Hay en mí todas las iras) contra la actuación injusta  de la  tía al despreciar a su madre y dejar que los parientes la saqueen,  Esta los llama por el balcón y ellos doblan la 1ª esquina de la calle Amnistía:

 “Mi madre no se queda aquí y yo tampoco. Me voy a la buhardilla y se guarda usted sus cuartos y la carrera que yo sé trabajar…es usted una egoísta. Mi madre ha sido la criada de usted doce años”.

 La  iluminación de su calle,  amarillenta y  temblorosa, no llega hasta los rincones no iluminados por la luna:

 ”Encima del portal hay un farol de gas, de llama libre, que parece una raja de melón chiquita” (29).

La casa es amplia y tiene, al menos un balcón a la calle donde él juega y come con su gato. “ Cuando riegan la calle sube hasta el balcón el olor fresco de la calle mojada” . “Debajo de la casa hay una cochera de lujo y por las mañanas sacan los coches de charol a las calles y los riegan, y los cepillan y huelen. Los caballos blancos y castaños, color canela, salen a pasear tapados con una manta y huelen a pelo caliente“. (101)

Barea tiene muy buenos recuerdos de esta casa en la que ha conocido la confortable vida de una clase media acomodada que en el verano sale de vacaciones, sale al café y va al cine  y recibe en su casa visitas con las que comparte reflexiones y comentarios. Al niño le disgustaba aquel  traje de domingo que su tía le obligaba a llevar, pero  sobre todo no puede aguantar los besuqueos y los rezos de la tía.

El recuerdo más tierno y cariñoso y las palabras más entrañables están dirigidas a su madre:

 “Mi madre es una mujer pequeñita, un poquito redonda, rápida en sus movimientos. La piel muy blanca, los ojos grises, como los gatos, y el pelo castaño , con muy pocas canas en las sienes, disimula sus cincuenta y pico. Tiene las manos más finas que las de  su tía y aún más pequeñitas”.

De ella destaca su cariño, su dedicación y su capacidad de sacrificio y trabajo. Soporta las mayores penalidades y  abusos por conseguir el bienestar de sus hijos. Aguanta los celos de la cuñada, el enfado de Rafael, la actitud de Concha y el desprecio de otros personajes sin protestar. Su generosidad  con los más necesitados es también admirable. Se preocupa y comparte lo poco que tiene con la  mendigaque hay  en la puerta de la casa de los tíos, con el señor  Manuel y con la señora Segunda. Arturo la quiere y la admira profundamente. Este sentimiento recorre el libro  de principio a fin y dulcifica los momentos de mayor rebeldía del protagonista

Frente a este modelo de generosidad y bondad encontramos el  retrato de su tía:

Mi tía es una señora de sesenta años, vestida con traje negro de flores bordadas, cubierto el pelo, completamente blanco, con un velo negro. Tiene una cara de vieja como de porcelana fina y presume del color de sus carrillos, que es natural, y de la finura de sus maños que parecen seda”.

“ Mi tía es la señora y mi madre la criada. Igual que Dª Isabel y su hermana”

 Esta tía beata que le  obliga a rezar el rosario, vestirse con trajes de seda para bajar al café por la noche y también para ir a los pueblos de vacaciones, lo exhibe como un mono de feria entre las amistades y no los deja parar con sus preparativos para los viajes, aunque quien más la sufre es su madre, porque él se va con el tío a ver la parada al Palacio real y no vuelven hasta mediodía. No se le escapa a Barea resaltar una y otra vez los celos que su tía siente hacia su madre a la que él tiene que besar y querer a escondidas. Ese carácter poco amable obliga a su tío a desaparecer de casa  los domingos porque  “es el sistema que tiene para no oírla”. 

De su tío también recuerda con emoción y cariño los paseos  por el barrio, la compra de libros en la Plaza del Callao, el cine, el circo y las explicaciones que le da sobre tantas cosas. Para él es el  padre cariñoso que lo quiere y le explica la importancia de estudiar y progresar. Lo educa y no quiere que se crea un señorito. Por eso lo obliga a ir a la buhardilla dos veces por semana. Agradece  Barea la  buena relación que mantiene con su madre. Arturo Barea recuerda el tremendo dolor que le supuso su muerte :“Si me duermo, se muere, me digo”. La muerte de su tío es  quizá el primer desgarro fuerte en su vida.

Con él mantiene largas conversaciones paseando por Madrid o entrando desde muy pequeño en la taberna y dice que cuando le escuchaba “me parecía esta vida una vida maravillosa de niño, un juego” comparada con la dura vida que llevó su tío primero en Méntrida , trabajando en el campo, hasta que empezó a estudiar y de los dedos gordos  se le escapaban los “manguilleros” (palillero, portaplumas)

Recordamos aquí aquella frase de ”lo que no se aprende de muchacho , no se aprende de machucho”. Cuando hablaban del interés del tío por entender algo de álgebra. Lo describe como un señor , con su traje, su sombrero y su bastón con el puño de oro.. Para él fue un padre, le cuenta cosas

También recuerda con cariño a su gato con el que compartía la leche y las galletas. Barea fue un gran amante de los animales y un buen lector de novelas cortas que compra en Callao. Son esos libros comprados a mitad de precio, pero que luego no puede revender. En esta casa se entretuvo muchas tardes con sus gusanos de seda en el balcón.

Barea se acuerda con entusiasmo de la carreras de coches que se celebraban en la calle Arenal: La carrera de coches París-Madrid pasó por la esquina de la calle donde “vive mi tío” y la meta estaba situada en el Puente de los Franceses, donde cuatro o cinco autos acabaron destrozados. Le impresionaban aquellos coches bajitos y muy largos que llevan al hombre metido dentro, y solo se le ve la cabeza y sus gafas porque son tan grandes como las de un  buzo y sobre todo le pareció increíble que pudieran correr a 90km/hora. Esta velocidad es increíble para alguien que sabe que el tren hasta Méntrida tarda 5 horas en recorrer 37 km.

En esta casa disfrutó de la comodidad de una casa acomodada  hasta los 13 años, pero allí sintió también mucha soledad y dolor al  ser consciente del sacrificio de su madre y de su propio esfuerzo personal para progresar socialmente.

3- Teatro Real:

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Fachada principal

“Como no tiene ventanas, el teatro es un agujero negro lleno de rayas redondo que se pierden allá arriba en el fondo, donde hay dos cuadraditos de luz que parecen dos ojos(…) Todos los pasillos están en una rotonda como los radios de una rueda”.

“Por las puertas de la plaza de Isabel II que están en el fondo del escenario,  entra el frío de la noche y sale el calor de la sala. Los pobres que duermen allí se agrupan para recibir este aire caliente”

 El Teatro Real es el teatro de la Ópera de Madrid., levantado en la plaza de Oriente, frente al Palacio Real   y una de sus fachadas  se abre a la plaza de Isabel II .

 El edificio actual  del Teatro se levantó en el siglo XIX sobre el solar del antiguo teatro de los Caños del Peral, que se había dedicado  a la ópera preferentemente.  En  el siglo  XVII estuvo aquí el  Teatro de los Caños del Peral en el que  actuó entre 1704 y 1708  la compañía lírica italiana de los Trufaldines. En el siglo XVIII el  edificio se remodeló en varias ocasiones y siguió siendo utilizado como teatro de ópera.  En  los años  1717 y 1718 se procede a su demolición se  proyecta una nueva construcción  que se uniría con el Palacio Real por una galería circular. El proyecto inicial de construir un nuevo teatro se debe a José I, que quería hacer un gran bulevar, al estilo de París, que cruzara la ciudad de este a oeste uniendo los dos palacios, el Real y el del Buen Retiro, y pasando por la Puerta del Sol. En el extremo oeste se situaría el Teatro, la Plaza de Oriente y el Palacio Real. Su corto reinado no le permitió el desarrollo del proyecto. La zona quedó convertida después de los derribos en un enorme solar sobre el que se realizarían las obras años más tarde.

Teatro Real en 1860Teatro Real en 1860

Fue Fernando VII el rey que inició su construcción en 1818. Las obras  se acabaron en 1850. En ese tiempo, el edificio inacabado sirvió como depósito de pólvora, cuartel de la Guardia Civil, Congreso de los diputados y salón de baile. El proyecto se debe al arquitecto Antonio López Aguado. que diseñó un edificio con forma hexagonal irregular, cuya fachada principal miraría a la Plaza de Oriente y la otra, de menor empaque, recaería sobre la actual plaza de Isabel II. La primera piedra del nuevo teatro de la ópera se puso el 23 de abril de 1818, pero la escasez de fondos de la Casa Real impidió que las obras arrancaran antes de 1830. A la muerte del arquitecto, el proyecto fue asumido por Custodio Teodoro Moreno. Tras la subida al trono de la reina Isabel II, numerosos acontecimientos políticos y burocráticos paralizaron la ejecución del proyecto, hasta que el 7 de mayo de 1850, por medio de una Real Orden, se impulsaron las obras del Teatro, exigiendo su finalización en un plazo de cinco  meses.

El edificio actual fue inaugurado en 1850 con el estreno de la “Favorita”. En 1878, Gayarre cantó la ópera española “Roger de Flor” con motivo de la celebración de la boda de Alfonso XII con su prima Mª de las Mercedes   En 1867 sufrió un incendio. Desde su restauración se mantuvo como teatro de ópera hasta 1925,  fecha en la que  cerró por problemas estructurales.  El teatro se reabrió de nuevo  en 1966 como sala de conciertos sinfónicos. Entre 1988 y 1997 se han realizado  una importantes reformas para su reconversión  en una sala operística. El proyecto, dirigido por el arquitecto José Manuel González Valcárcel,  ha atravesado por muchas dificultades que han retrasado los trabajos. Entre estas circunstancias adversas hay que señalar el fallecimiento del arquitecto en el Teatro durante una visita a las obras. El Ministerio de Cultura encargó a otro arquitecto, Francisco Rodríguez de Partearroyo un estudio de alternativas que pronto se transformó en un nuevo proyecto. El edificio quedó terminado a finales del año 1995 y se inauguró  el 11 de octubre de 1997, después de  una  carrera de obstáculos según señalan diferentes periódicos de la época. Para la inauguración contó con un  programa doble de música española:  «La vida breve» y el ballet «El sombrero de tres picos», ambos de Manuel de Falla, bajo la dirección  de Luis A. García Navarro. Se incluyó también en los actos de inauguración el estreno de una ópera, «Divinas palabras», compuesta por Antón García Abril sobre la obra de Valle-Inclán, y protagonizada por Plácido Domingo. Sobre el teatro, el tenor dijo : «Tiene que ser un hervidero de talento». Hoy, veinte años después, el Teatro Real ocupa un lugar importante dentro del panorama lírico europeo, especialmente por la labor desarrollada en los últimos años.

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Interior del Teatro Real

En la decoración interior trabajaron los artistas y decoradores más importantes de la época, como Rafael TejeoEugenio Lucas, que pintó los techos y Humanité-René Philastre, que diseñó el telón de boca. Aparte del auditorio, que se decía que tenía capacidad para 2800 espectadores (aunque en realidad debía rondar las 2200),​ había dos salones de baile, tres salones de descanso, una confitería, un café, un tocador y un guardarropa. Todas estas comodidades se habían copiado de los grandes teatros europeos de la época, como el San Carlo de Nápoles o La Scala de Milán.

El capítulo IX de la primera parte de “La forja”  se titula  El Teatro Real y en estas páginas observamos la increíble capacidad de observación que caracteriza a nuestro autor y la agilidad con la que cuenta anécdotas y recuerda con precisión sus visitas como espectador. Barea describe el interior del Teatro, habla de los trabajadores y describe con emoción las actuaciones de los mejores artistas. También se refiere al público del teatro y retrata ese otro mundillo que se mueve fuera: el grupo de mendigos y los pícaros  organizadores de la claque.

 Barea entró muchas noches con su amigo Nicasio, hijo del Conserje, al teatro y allí:

“Mientras  (D. Enrique), pinta, nosotros jugamos en el escenario, haciendo resonar las tablas huecas. En el escenario se puede correr, saltar y jugar a la pelota”. Desde la sala se oían las voces infantiles y sus  risas  a las que ” la sala responde con su voz hueca: eh! ” y oímos también al maestro de coros que en los ensayos gesticula y chilla ” uno, dos ,tres! Ahora… y se vuelve loco cuando el coro desafina y grita : NOOOO.. Puñeta!. Luego al final se coloca su sombrerito hongo y se va corriendo como un muñequín  a quien se le ha dado toda la cuerda. Era tan pequeño que el carpintero lo podía coger con una mano por la entrepierna y levantarlo como un muñeco haciendo que las chicas del coro y el cuerpo de baile se rieran .

“Detrás de los bastidores, sentado en el suelo sin hacer ruido para que no les echen”

Desde ese lugar vio a los artistas  de abajo arriba y  aprendió lo que es la emisión de voz y desde allí oyó  también muchas veces  las canciones internas, esas que cantan los artistas desde fuera del escenario  “cantando y mirando al director de orquesta a través de una rendija en la decoración”.  Le impresiona  la intensidad de las voces de estos artistas que al cantar hacen que sus cuerpos  bailen y tiemblen. Cuando canta Titta Ruffo y Masini Pieralli  “vibran ellos y todo lo que hay alrededor.  Les sale y entra el aire en el pecho como en un fuelle de fragua, y es solo la garganta lo que suena” Es lo que llaman , dice, “emisión de voz”.

” Todos los pasillos están en una rotonda como los radios de una rueda. La rotonda tiene un diván de terciopelo en medio y un tiesto lleno de flores. Allí están los cuartos de las mejores artistas”.

Algunas noches acude y en ese momento la rotonda se llena de policías y de militares en traje de gala. Recuerda que Titta Ruffo  en una de estas visitas reales,  mostró su enfado gritando desde su camerino ” MIERDA, MIEEEERDA y mierdaaaa  ! y que  luego explicó que esa es:

una palabra que va muy bien para ensayar la voz. Tiene el mi, el re y el la. Desde entonces , antes de salir a cantar llenaba de mierdas todos los pasillos del Real . Cuanto más sombreros de copa había , más mierdas soltaba”. 

Titta Ruffo, es uno de los cantantes preferidos de Barea por su cercanía, buena voz y campechanía. Al cantante que se alojaba en el Hotel de Rusia  no le gustaba la comida de allí  y un día decidió  entrar en la taberna del padre de Eladio donde comen los cocheros de punto. La comida le gustó tanto que cuando los “señores de sombrero” lo invitaron un día a comer los llevó a la taberna  a comer cocido. La gente del barrio se reía viéndoles comer cocido y haciendo ascos a la comida y al  vino servido en frascos.

Disfruta Barea recordando las actuaciones de Titta Ruffo  en Rigoletto. Payasos, Hamlet,  describe con precisión sus trajes de terciopelo y aquella capa de armiño de verdad con la que hizo de Hamlet y preguntó a la gente mostrando su capa: “¿ Les gusta la capa de carretero? “. No se olvida por las críticas que recibió  del traje de remiendos con el que actuó en Payasos  y de aquella actuación con las copas en el Café Español. Este barítono italiano,( Ruffo Cafiero Titta. Pisa,1877, Florencia, 1953). conocido como “el león cantante” por su aspecto imponente su melena y su voz, fue una leyenda del canto tanto en Europa como en Argentina.

También escuchó cantar en el Teatro a Anselmi.

El pueblo acudía a El Paraíso, como las Miaus de Galdós. Regalar localidades a la familia de la novia era frecuente entre los pretendientes.

A Titta Ruffo también lo escuchó en el Café Español cuando por sorpresa les regala una actuación a los dos pianistas ciegos que tocan cada noche en el café. Precisamente aquella actuación no le gustó al niño Barea, le pareció tan aguda que le dolían los oídos.

En este repaso al mundo del teatro evoca el cuerpo estilizado de las bailarinas y sus mallas escurridas, la prohibición de entrar en los camerinos mientras se visten las chicas,  aunque, con picardía, nos cuenta que  las noches de función, los señorones con sombreros de copa sí entraban en los camerinos de las coristas a las que luego invitaban a cenar.

“Por las puertas de la plaza de Isabel II que están en el fondo del escenario,  entra el frío de la noche y sale el calor de la sala. Los pobres que duermen allí se agrupan para recibir este aire caliente”

 Observa con aparente ingenuidad que en el teatro no se mueve un pelo de aire, pero cuando se levanta el telón el escenario se convierte en un huracán. Las señoras se tapan el escote con las manos  para no helarse  y por las puertas de la plaza de Isabel II que están en el fondo del escenario entra el frío de la noche y sale el calor de la sala. Los pobres que duermen allí se agrupan para recibir este aire caliente.

“ Después los mendigos se reúnen todos debajo de los arcos inmensos de la plaza de Isabel II, donde ya tienen preparadas sus camas de periódicos y paja. Cuentan sus perras gordas y a veces se las juegan a la luz de las farolas cuadradas de hierro del teatro”

Los mendigos esperan que se acabe la función para abrir las portezuelas de los coches y pedir una limosna. Hacen la reverencia y, a veces, se mueren de frío por su falta de ropa de abrigo y  su mal calzado. De este grupo destaca el Marqués , el mendigo que no abre portezuelas ni pone la mano para pedir una limosna, sino que él aborda a los caballeros a los que pide un duro y les afea su acto si no le dan más que diez céntimos. Luego les pide un pitillo y, a veces, consigue las dos pesetas o el duro de limosna que primero le habían negado.  Barea admira de este personaje su habilidad para contar  historias que  escuchan con gusto  los chiquillos, los otros mendigos que comparten alcoba con él y hasta los bomberos y cocheros que beben café en las cafeteras de  pitorro.
La organización de la Claque es un ejemplo de picaresca y corruptela. Las entradas gratuitas al teatro las controlaban dos personajes muy populares en la zona: Gurius, antiguo cantante de ópera que es el jefe, y  el  señor Encinas, número uno de la claque, que tocaba  el tambor algunas noches en el Café Español. Este era  el  que contaba el incidente de la avispa en una actuación de la Patti y Gayarre. Ambos  recibían  atenciones de los artistas  para que no les estropearan la función.

4.- Café Español (calle Carlos III):

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“El salón enorme, lleno de ventanales en tres de sus lados, con sus arcos voltaicos… y la luz amarilla de los viejos faroles de la calle Vergara…. Las ocho mesas macizas  de sombras cuadradas,…chispeantes de barniz, dormidas en el verde secante de sus tableros forrados de paño”.

“El laberinto de veladores, de sillas y de divanes. Unos divanes de terciopelo rojo, puestos a lo largo de la pared, sobre los que nos gusta correr a cuatro patas en la calle que forman su respaldo y el borde de la mesa. .. Nos ponemos de pie en los divanes y asomamos la cara a los espejos de la pared. Después se queda marcada en los divanes la suela de nuestros zapatos, y el señor Pepe, el camarero viene a regañarnos. Empezamos a dar palmadas para quitar las manchas y salen nubes de polvo, y en el terciopelo rojo  las manos se quedan marcadas en colorado con el blanco del polvo alrededor… Otras veces pasamos las uñas a contrapelo y dibujamos letreros y caras que luego se borran alisando el pelo con  la palma de la mano”.

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El Café Español abrió sus puertas en el número 1 de la Calle de Carlos III el 5 de agosto de 1851. Este Café estuvo primero en los números 4 y 6 de la Puerta del Sol.

La prensa de la época destacaba además de esos veladores y divanes de terciopelo rojo que describe Barea, sus macizas columnas de hierro.

El café Español tenía a una clientela de músicos y de gente del mundo de la ópera por su vecindad con el Teatro Real. También contaba con billares donde se reunían  los componentes de la claque del Teatro Real. Cuando acababa la función en el Real, el café se llenaba de artistas y espectadores para comentar el espectáculo mientras tomaban alguna copa sentados en sus sofás de terciopelo  rojo.

 Su dueño pidió permiso a principios del siglo XX para organizar funciones dramáticas y conciertos las noches que no hubiera función en el Real .

Cada 13 de febrero se hacía un homenaje a Mariano José de Larra que vivió en la cercana calle de Santa Clara.

Ángel del Río López en “Los viejos cafés de Madrid”  dice que en este café, por su cercanía al Palacio Real o por encontrarse en un ambiente regio, se hablaba mucho de la familia real. Varios parroquianos comentan la boda de Alfonso XII con Mª de las Mercedes y, en seguida, surgen las posturas de los que la apoyan o los que la  consideran un error político.

En el café también tuvieron tertulia los hermanos Machado , el actor Ricardo Calvo y el duque de Amalfi antes de trasladarse al café de Valera.

En este café   Gurius y el Sr. Encinas se organizaban la Claque del Teatro Real:

La gente sin recursos paga dos pesetas para pertenecer al grupo de  la Claque.

Hay dos turnos para los abonos y otros dos para los aspirantes y hasta dos grupos más  de suplentes que sustituyen a los fijos cuando no van.

Todos pagan dos pesetas aunque no todos pueden entrar todos los días que haya función.  Cuando canta alguien importante y acuden todos para entrar, Gurius les cobra cinco duros y entran los que lo pagan aunque no sean de la claque. Este trapicheo se hace en la taberna de Manolo. Un ayudante de Gurius cobra los cinco duros y uno más de propina para él. Luego los manda a ver a Gurius al Café Español y este, después de haber bebido gratis a costa del enviado, le da el pase y así  hace con varios clientes, luego reparte alguna entrada entre los de la Claque.

Los días de función, la tertulia del café se llenaba de parroquianos entre los que había artistas, policías de servicio, cocheros de los abonados, parroquianos habituales que hablaban de temas de actualidad y escuchaban a los músicos y al Sr Encinas con su tambor del que muchos se reían. Entre estos él recuerda al comisario jefe de la policía que se caracterizaba por su crueldad y violencia con aquellos “bastones de cartas” que se hacía con las barajas viejas. Con aquel tipo de  bastón daba a los pobres que dormían en los bancos de la Plaza de Oriente y mató a un perrito blanco al que después pateó.

Al Café Español  acude todas las noches después de cenar Arturo con sus tíos.  Allí vemos a nuestro protagonista vestido con traje elegante aunque él hubiera preferido su delantal de drill

“con cuello almidonado, chalina de seda, blusita de marinero con bordados de oro y zapatos brillantes de charol”, traje obligado  por su tía para bajar al café  donde “todos los que se reúnen son señores”. En torno a la mesa de mármol se sientan a diario la tertulia formada por vecinos y conocidos de la familia: “don Rafael, el arquitecto, Don Ricardo- el maestro Villa-, Don Sebastián, Don Emilio ,el párroco de Santiago , Dª Isabel y su hermana doña Gertrudis y Modesto y Ramiro, pianista y violinista ciegos que actúan allí a diario por un duro , la cena y el café con leche y que a Barea le recuerdan a Don Quijote y Sancho.

En otro momento, Barea recuerda con alegría el regalo que  Titta Ruffo hizo a   Ramiro y a Modesto (los músicos ciegos que trabajaban todas las noches aquí) acompañándolos  con su gran voz mientras ellos tocaban el prólogo de payasos. El silencio del café fue espectacular  y los músicos, emocionados,  no sabían que hacer, mientras el artista, tímido, se acercó a la mesa de sus tíos donde ya hemos anotado que se sentaba también el maestro Villa. Barea cierra su capítulo  anotando que Titta Ruffo había cantado aquella noche solo para los dos ciegos.

Precisamente en 1909 el dueño del local contrató para los conciertos de su establecimiento a  Zacarías López Debesa, un músico ciego de cierta fama en aquellos momentos.

Al niño lo que le gusta es jugar con su amigo Ángel y con Esperancita  perdiéndose en los salones del viejo café. Barea , Esperancita y Ángel subían, de puntillas y  a escondidas, al salón de los billares, atraídos y sobrecogidos  por el miedo  del lugar  oscuro y silencioso que daba a la calle de Vergara:” tan sonoro que, al hablar en voz baja, se levantaba el murmullo de sus rincones”. Allí jugaban con las bolas y corrían por encima  de los viejos sofás rojos y alrededor de las grandes mesas tirando las bolas, hasta que los focos del salón se encendían de golpe como si fuera un incendio  y aparecía el dueño de los grandes bigotes gordos y puntiagudos que “los inmovilizaba”.

El café tenía dos puertas de acceso, una al lado del mostrador y la otra donde se encontraba el puesto de periódicos que servía de hogar a Ángel y a su madre.

Más de una vez , él utiliza estas puertas para ir a besar a su madre  que acaba de incorporarse a la tertulia después de haber recogido la mesa de la cena  en casa de sus tíos.

Este café aparece citado en “La berlina de Prim” como lugar  donde quedan   Boyd, Hartzenbusch y Benito Pérez Galdós a tomar un refresco a media mañana, cuando Patrick está investigando en la Biblioteca Nacional.

 “Al poco rato estaban sentados en una de las ventanas del Español. Era un local menos bullicioso que los de la Puerta del Sol” (192).

El café fue modernizado en los años 30 del siglo pasado.  Se le dotó de baños y mobiliario nuevo entre los que destacaban los sofás de pana. Hay una historia curiosa relacionada con la supuesta aparición de una Virgen lactante que fue quizá el origen de su desaparición. En 1834, Antonio, el antiguo echador de café , encontró en la cueva del edificio una imagen de la Virgen dando el pecho al Niño. Algunas damas erigieron allí mismo un altar y prohibieron la entrada   a los incrédulos. Poco después , en 1835, el establecimiento cerro y el local se alquiló para oficinas. Años más tarde pasó a ser tienda de recuerdos y hoy de instrumentos musicales.

 El puesto de El  Heraldo donde “todos caben”. 

“… cuando llegamos a la esquina, Ángel deja de gritar sus periódicos… y se acerca a nosotros para dar las buenas noches a mis tíos, la gorra en la mano, al aire la cabeza apepinada, de pelos largos y lacios , haciendo gestos de viejo. Da el periódico a mi tío que, como siempre le regala la perra chica de vuelta”

Ángel es ese chiquillo flaco que tiene que ayudar a su madre con la venta del Heraldo.Niño periódico Es el ejemplo de niño pobre que trabaja en el barrio rico. Por eso su tía no quiere que juegue con ese “golfo que sabe Dios qué cosas me podrá enseñar”. Ángel vive con su madre en un rincón estrecho de unos dos metros y resguardado por unos cartones que hay entre las dos puertas de este Café:

Contra una de las paredes, un armario rojo con vidrieras, lleno de cajas de cerillas, de cigarros puros, de cajetillas y de mazos de palillos. En la parte baja hay dos tableros, donde se amontonan los periódicos… La señora Isabel, madre de ángel, se sienta en una sillita baja, entre el armario y la puerta exterior. En aquel rincón prepara la comida con una lamparilla de alcohol, remienda los pantalones de Ángel o las camisas de ella, cuenta los periódicos y fabrica los palillos, desgastando , una a una, astillitas de madera con una navaja muy afilada que saca unas virutas muy pequeñitas como queso rallado”. Aunque parezca imposible, en este espacio tan reducido a veces se juntan con su hija , el yerno y tres niños y exclama asombrado Barea “ Y Caben”. Arturo Barea también recuerda a esta mujer con ternura con la que también su madre se paraba a hablar antes de sentarse en la tertulia. Nos cuenta que le daba un montón de cerillas con fototipia para su colección.

El  Heraldo de Madrid es el periódico que vende su amigo Ángel. En la época en la que se desarrolla la novela, es el segundo periódico de mayor  tirada de los que se venden en Madrid. Fue fundado en 1890 por Felipe Ducazcal y Lasheras, con la colaboración del  marqués de Murrieta. Su primer director fue José Gutiérrez Abascal. En 1902 le sucede José Francos Rodríguez, próximo a José Canalejas, quien había adquirido el diario en 1893 junto a su hermano Luis y otros partidarios del Partido Liberal. En 1906, la Sociedad Editorial de España, de la que ya formaban parte El Imparcial y El Liberal, compró el periódico.

A lo largo del Siglo XIX es uno de los periódicos de mayor tirada a pesar de la crisis sufrida en  los años 20 después de la muerte de Miguel Moya. Durante la Dictadura de Primo de Rivera se distinguió por sus estrategias para burlar la censura  (caso de la Caoba). En 1930 y en los años siguientes apoya la candidatura republicano-socialista.

Al comienzo de  la Guerra Civil  se produce una progresiva dispersión de la redacción y   El 27 de marzo de 1939, un grupo de falangistas armados irrumpió en la redacción  y se incautaron del periódico. Las instalaciones fueron cedidas poco después a Juan Pujol, que empezó a editar allí el periódico Madrid. Los propietarios legítimos reclaman la devolución del periódico desde 1947 sin ningún resultado positivo. El edificio del periódico de la calle Marqués de Cubas  pasó a ser propiedad del Banco de España que lo utilizó para ampliar sus instalaciones de la Plaza de Cibeles.

Entre los falangistas que irrumpieron en la sede del periódico se encontraba José María Sánchez Silva, que años más tarde se haría famoso por su novela y guión de la película Marcelino, pan y vino. En la sala de redacción se hallaban en ese momento el director Federico de la Morena, los redactores Enrique Ruiz de la Serna, Juan Antonio Cabero, Eduardo de Castro, Antonio Uriel y Diego San José, así como el caricaturista Sama y el fotógrafo José María Díaz Casariego. En principio éstos pudieron volver a sus casas, pero a los pocos días fueron detenidos. El director Federico de la Morena fue condenado a muerte, aunque su pena fue conmutada por la de prisión. Otros periodistas del diario condenados asimismo a muerte bajo la acusación de haber defendido la causa republicana, también vieron conmutada esa pena por la de prisión, permaneciendo en la cárcel entre cinco y diez años, pero cuando salieron no pudieron ejercer su profesión pues no se les permitió inscribirse en el Registro Oficial de Periodistas, controlado por

El 30 de marzo de 2014  Miguel Ángel Aguilar.  publicó un número especial para coleccionistas con la cabecera Heraldo de Madrid.

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 Tabernas de Eladio y de Manolo

Estas dos tabernas cercanas al Café Español gozaron de enorme popularidad en la época.

5.- Plaza de Oriente

“ Cuando llegamos abajo con la velocidad seguimos recorriendo por el asfalto de la Plaza de Oriente… “Al lado de casa (de los tíos) está la plaza de Oriente Con su caballo de bronce en medio y sus reyes de piedra alrededor con sus dos pilonesde mármol llenos de agua y de ranas , de sapos cabezotas y de peces. Y a los lados hay dos jardines… La plaza entera huele a árbol, a agua, a piedra y a bronce”

En el estanque jugaba con sus amigos a las ranas y a los sapos.

La idea de hacer una plaza al oriente del Palacio fue de José I, que mandó derribar los conventos de San Gil y de Santa Clara, la biblioteca y 56 casas que había en el lugar para abrir un espacio libre en torno al Palacio Real. Tras muchos proyectos en el reinado de Fernando VII y de Isabel II, la obra finalizó en 1850 según el diseño de  Narciso Pascual y Colomer.

La plaza está adornada con 20 estatuas de los reyes godos y asturianos que , en principio, se esculpieron para la cornisa de palacio, pero que debido a su peso, se decidió distribuirlas en en la plaza y otros espacios de la ciudad. En un extremo , cerca de la fachada del teatro Real, encontramos la famosa estatua ecuestre de Felipe IV, obra de Tacca en la que intervino Galileo para resolver la estabilidad del caballo que pesa 18,000 libras de bronce y está apoyado solo sobre las patas traseras. En la cincha del caballo aparece el nombre del autor y la fecha de 1640, por lo que sabemos que el rey la mandó hacer en vida. La estatua ha recorrido varios lugares de la ciudad y fue instalada en el lugar actual en el año 1848. Los bajorrelieves que adornan su pedestal son del siglo XIX.

Este lugar invita a pasear por sus jardines en torno a las estatuas de reyes y reinas antiguos y un tanto “perjudicados” por el paso del tiempo y porque no fueron esculpidas con mimo y gracia. Los escritores bohemios de principios de siglo describieron su aire tranquilo y melancólico.

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Plaza de Oriente

6.- Palacio Real y plaza de la Armería

“Más allá, enfrente está el Palacio Real con su explanada cuadrada- la Plaza de Armas- tapizada de arena y desnuda de árboles, (…) con sus hilera de balcones. Dentro de la plaza reina el sol … y es como una playa sin mar… El aire fresco del Campo del Moro y de la casa de Campo entra soplando por los balcones para refrescar la arena de la plaza.

Asomado al balcón todo es verde. De espaldas al balcón , todo es amarillo”

El palacio fue levantado por orden del rey Felipe V sobre el solar del antiguo  Real Alcázar, destruido parcialmente en 1734 por un incendio.  El antiguo alcázar se levantó sobre un palacio musulmán en el que destacaba su atalaya para vigilar la llegada de los cristianos. Su construcción comenzó en 1738, según el proyecto de Filippo Juvara. A su muerte, continuó el proyecto su discípulo Juan Bautista Sachetti. Ventura Rodríguez, discípulo de Sachetti, intervino en su construcción que se realizó toda ella de fábrica con  bóvedas que descansan sobre gruesos muros de hasta 4 metros de ancho.

El palacio recuerda por su aspecto exterior a los palacios italianos y en su interior a los franceses. La decoración de la fachada está realizada en piedra de granito alternando con la piedra  caliza de Colmenar. Su coste fue de 298 millones de reales.

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Palacio Real

El palacio, aun sin acabar, fue ocupado por Carlos III en 1764.

La plaza de la Armería es un patio soleado con magníficos balcones y  espectaculares vista donde los madrileños siempre han disfrutado de sus puestas de sol y del cambio de guardia.  Ramón Gómez de la Serna llama a este lugar “un blanco desiertillo  y un patio de internado de los soldados”, Alaba sus alegres balcones que contrastan con los del resto del edificio mucho más tristes y pensantes. También describe ese gran reloj que solo tiene una manilla porque solo marca las horas, como si en Palacio desdeñasen los minutos.

“De noche se queda la plaza vacía, se cierran chirriando las puertas pesadas de hierro, se duermen los pájaros y todo se vuelve blanco con la luz de la luna” 

En la época del Alcázar esta zona se llamaba Plaza de Palacio y  del Arco de Palacio en época de Carlos II. La fachada principal del Palacio es la que da a esta plaza. Por eso entran por aquí los embajadores cuando vienen a entregar sus credenciales. Las vistas hacia Extremadura están cerradas hoy por una valla.

Barea recuerda sus juegos en este lugar, la cantidad de golondrinas que anidaban aquí, las visitas con su tío para ver las paradas militares, la entrada diaria de los soldados vestidos de gala , las niñeras paseando a los niños y el paso del cometa Halley.

 7.- Calle de Bailén

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 “En las anchas aceras de la calle de Bailén, los focos deslumbran a los centenares de mariposas que suben de los jardines”

 La calle se extiende desde la Plaza de España ( antes San Marcial) hasta la de San Francisco,  se abrió sobre unos terrenos del Prior de San Martín.  Felipe II para evitar que se edificase en las cercanías del Alcázar sin su autorización, hizo que los que había comprado terreno al prior se lo vendieran al Real Patrimonio. Esta decisión fue pronto quebrantada por algunos nobles a los que el rey sí les autorizó a levantar algunos edificios.

 La parte desde San Marcial hasta la Plaza de Oriente se abrió en el siglo XVIII y se la conocía como la calle Nueva que va a Palacio. El conocido como Palacio de Godoy fue construido en tiempos de Carlo III para sede de distintos Ministerios. Es obra de Sabatini que construyó al lado su propia casa con acceso por la calle de Bailén frente a las Caballerizas, que son también obra del mismo arquitecto.

  En esta calle destaca el Viaducto y la ingenua reflexión del niño ante los suicidas.

 “Nos iremos a casa por la Cuesta de la Vega.Me gusta el camino, pues pasamos por el Viaducto, un puente de hierro muy grande que cruza por encima de la calle Segovia. Desde allí arriba se tira la gente para matarse… Cuando paso por debajo miro a lo alto por si se tira alguno, porque no tendría gracia que nos aplastara a mi madre y a mí…”

  “El Viaducto está hecho todo en hierro, igual que la torre Eiffel de París, pero claro no es tan alto”.

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El Viaducto

Desde comienzos del XVIII se vio la necesidad de enlazar el Palacio Real con San Franciscosalvando la vaguada de la Calle de Segovia. En 1874 se inauguró el puente metálico para trasladar los restos de Calderón desde el Panteón Nacional a la Iglesia de San Nicolás. A partir de 1921 se empieza a pensar en sustituir su estructura.El nuevo Viaducto de hormigón armado se inauguró el 28 de marzo de 1942.

Aparte de su utilidad inmediata el Viaducto ha sido un mirador estupendo alabado por muchos escritores y un lugar típico de suicidarse.

Barea conoce la torre Eiffel porque la construyo un ingeniero francés el año que él nació y luego lo ha visto en la ILUSTRACIÓN , periódico que lee su tío. Anota que no la pudieron destornillar y por ese se quedó allí, pero los parisinos temen que algún día se caiga y destruya sus casa y por eso se están yendo algunos. Barea cree que al Viaducto también le pase lo mismo porque con tanto paso de unos y otros se cimbrea. Como otras veces su tío lo tranquiliza y le dice que si no se cimbreara se hundiría. Para evitar suicidios hay una vigilancia diurna y Barea piensa en esos suicidas que tienen que fastidiarse y dar vueltas hasta que se vayan los guardias.

8.- Callejuelas cercanas a Mayor

 “ Nuestro barrio se extiende aún por un dédalo de callejas antiguas hasta la calle Mayor. Son calles estrechas y retorcidas(… ) tienen nombres pintorescos; primero los santos: Santa Clara, Santiago; después nombres heroicos: Luzón, Lepanto, Independencia: finalmente los de fantasía: Espejo , Reloj, Escalinata. Estas calles son las que sirven mejor para jugar a “justicia y ladrones”.

 Recuerdos inolvidables de esta zona son el galope del caballo de los lecheros, las carreras y  juegos con sus amigos.

“He jugado ceremonioso al marro y a las cuatro esquinas con los niños de blusas bordadas , pelos rizados y cuellos blancos con chalina de seda”

Las de aquí son las calles del barrio de Santiago muchas de las cuales ( Milaneses, Mayor, Espejo, San Nicolás. Vergara…) conservan su trazado tortuoso propio de la Edad Media  y otras proceden de la ampliación de espacios producida a partir de  José Bonaparte, el rey plazuelas, que mandó derribar muchas iglesias y conventos para hacer de Madrid una ciudad más amplia y abierta.   El mejor ejemplo  de ese Madrid medieval lo tenemos en  la torre morisca  de San Nicolás de los Servitas, un monje bizantino.

 Según Antonio de Obregón, Alfonso VI pasa su primera noche en Madrid en esta zona, cerca de las iglesias de San Juan y la de Santiago, Iglesia  donde  los caballeros de esa Orden recibían el hábito hasta el XVII. El barrio medieval queda prácticamente destruido después de la Guerra de la Independencia.

 PLAZA DE RAMALES

“ Calle arriba, busco a mis amigos de la calle. Están en la plaza de Ramales, en un grupo jugando al paso”.

Esta amplia plaza ocupa el lugar de la antigua Iglesia de San Juan que se encontraba en la plaza del mismo nombre.

 La Iglesia de San Juan que algunos sitúan en época romana, se consagró al culto en 1254 reinando Fernando III el Santo. En 1639 dejó de ser la Iglesia de Palacio porque se construyó una en el interior del Alcázar. 

La antigua Iglesia de San Juan en la que según la tradición se enterró a Diego Velázquez aparece descrita en documentos del XIII con  tres piedras en su puerta principal que representaban un cordero, una cruz y el nombre en griego de Jesucristo. La iglesia estaba consagrada a San Juan Bautista y al Evangelista. Aquí fue bautizada una hija de Felipe IV, Dª Margarita de Austria.

El nombre de Ramales procede de la batalla librada por Espartero contra D. Carlos en las proximidades del pueblo santanderino del mismo nombre.

 A esta plaza da una fachada de la casa del poeta Gáspar Núñez de Arce que abre sus puertas en el Número 4 de la calle de la Cruzada. Según sus biógrafos  la casa contaba con una magnífica biblioteca con bustos en bronce de Calderón, de Cervantes y del dueño y estatuas que representaban figuras de algunos de sus poemas y  un estupendo despacho de techo abovedado y pinturas al fresco. En la fachada se pueden ver  sus dos panzones.

 LEPANTO

“En el (auto) bajamos corriendo la cuesta de la calle de Lepanto, que es muy larga”

 Uno de los juegos habituales del grupo de amigos era este de  lanzarse corriendo por la cuesta de la calle de Lepanto hasta la Plaza de Oriente en aquel cajón con cuatro ruedas al que le  habían atado una cuerda para frenar en las dos delanteras. Él y sus amigos aprendieron a frenar con el pie para evitar el farol que había al final de la cuesta.  También realizan carreras de autos en el paseo de la Virgen del Puerto, una pradera  de hierba y llena de árboles donde juega con los hijos de las otras lavanderas.

La calle de Lepanto  se abre a partir de los derribos de las construcciones realizadas en la época de José I. La calle ocupa el espacio que había entre las Iglesias de San Juan y la de San Gil. El nombre recuerda la famosa batalla naval de Lepanto, ganada por D. Juan de Austria a los turcos y en la que Cervantes quedó manco de su mano izquierda.

VERGARA

 “La luz amarilla de los viejos faroles de gas de la calle de Vergara, con sus ramas de raja de melón y su soplo silbante”. 

Esta calle aparece citada en la incursión que Barea y sus amigos hacen hasta los billares del Café Español. La penumbra del salón es iluminada por esos faroles de esta calle que se cuelan por los ventanales enormes con sus arcos voltaicos.

Como la mayoría de estas calles la de Vergara también procede de los derribos señalados. El nombre recuerda al famoso abrazo de Vergara entre Espartero y el general carlista Rafael Maroto en 1839, hecho que pone fin a la primera guerra carlista, Vergara es una ciudad cántabra situada a orillas del río Deva.

 LUZÓN

En el plano de Teixeira aparece con el nombre de Salvador. La nueva denominación se debe a la casa que aquí tuvo D. Pedro Luzón, tesorero y maestresala de Juan II. El linaje de los Luzón es antiguo y se relaciona con los Luján

 PLAZA DE SANTIAGO

 Las parroquias de Santiago y de San Juan fueron centros de referencia importante para este barrio. La parroquia de Santiago procede de una iglesia del siglo XIII y algunos cronistas señalan su relación con el arrianismo de la época de Recaredo, rey godo. En un  documento del año 1257 se nombra a D. Clemente, diácono de Santiago. El edificio actual es de 1811 y fue construido por el arquitecto D. J. Antonio Cuervo. Tiene planta de cruz griega con cúpula en el crucero y pilastras en los pilares. La capilla semicircular del Altar Mayor tiene un cuadro de Francisco Rizzi.

 En las escalinatas de esta Iglesia jugaban a las cartas y  dormían los golfos del barrio a los que en invierno les dejaban pernoctar en el atrio. Estos golfillos robaban las vallas de los solares para vendérselas al panadero francés de la calle del Espejo. También acompañaban al Viático para quedarse con los trozos de cera que luego revendían.

En la cripta a la que se accede desde Santa Clara, fue velado por sus amigos el escritor Mariano José de Larra hasta que las autoridades eclesiásticas autorizaron su entierro en campo santo. En el entierro de Larra se dio a conocer Zorrilla con la lectura de unos versos.

En esta iglesia se realizaba el rito de la  toma de hábito de los caballeros de Santiago hasta que se construyó la de las Comendadoras.

Era famosa la imagen de la Virgen de la Esperanza  a la que Felipe II tenía mucha devoción y alguna vez pidió que la llevaran a Palacio con motivo de alguna enfermedad de los infantes.

 SANTA CLARA

 Hasta los derribos de las casas promovidos por  José Bonaparte, esta calle   se llamaba Calle Ancha de Santa Clara para distinguirla de la parte angosta. El nombre se debe al Monasterio de la Visitación de Nuestra Señora, convento de monjas franciscanas fundado en 1474 por Dª Catalina Núñez, esposa de Alonso Álvarez de Toledo, tesorero de Enrique IV y contador mayor del Reino con los Reyes Católicos. Era famosa una imagen del Cristo de Santa María y de San Juan. El convento desaparece en la Guerra de la Independencia y las monjas se trasladan al de la Latina.

En el piso 2º del número 3  está la casa de Mariano José de Larra. En esta casa se suicidó el escritor romántico el 13 de febrero de 1837. La casa reunía todos los requisitos exigidos por una persona como Larra: calle céntrica, pero poco transitada, buena casa , nueva, y con un cuarto amplio e independiente. Además en ella se podía entrar y salir sin llamar la atención  porque en sus bajos estaban los estaban  los Baños de la Estrella. Los muebles y objetos de la habitación  en la que Larra se suicidó se encuentran expuestos en el Museo Romántico.

 En el número 2 se instaló el colegio de Farmacéuticos.

Simón Díaz señala que a principios del Siglo XX hubo debajo de la casa de Larra el figón de Próculo, una taberna o fonda modesta para gentes de orden en la que se comía por 1,20 pesetas.

El Dr. Montalbán, rector de la Universidad, destituido por el gobierno en abril de 1865 y a los que los estudiantes ofrecieron una serenata en la “noche de San Daniel” que acabó en una refriega con las fuerzas del orden, vivía en esta calle

AMNISTÍA

 Esta calle se abrió en 1836 en lo que antes fue parte de la antigua plaza de Santa Clara. Debe su nombre a la amnistía concedida por la Reina Mª Cristina a la muerte de Fernando VII para atraer a los opositores.

 INDEPENDENCIA

 Antes se llamó de San Bartolomé (plano de Espinosa) y el actual nombre procede de la Guerra de la Independencia.

En la calle vivieron famosos músicos y directores del Teatro Real como Joaquín espín Guillén y Joaquín Espín y Colbrand, hermano y padre de Julia Espín, musa de Gustavo Adolfo Bécquer. 

LEMUS

 “ En la calle de Lemus hay un solar con la valla rota . Dentro están las cuevas de una casa derribada de la que nadie se cuida“

 En este lugar se desarrolló el asalto entre Eladio , “El Vivillo” y los demás que se creen la Guardia Civil.  El asalto se convierte en una auténtica batalla con  hoguera  y piedras en las que interviene el vecindario dadas las dimensiones que alcanza. Incendiaron las  cuevas y sus delantales  se llenaron  de chispas. Los muchachos apedrean e insultan  a los comerciantes de barrio que acaban persiguiéndolos. La peor parte se la lleva el panadero francés de la Calle del Espejo que golpea a “Antoñeja”, el más infeliz de todos.  Los chicos, en venganza,  acuden al día siguiente a su panadería y rocían  de estiércol los panes que tiene expuestos para la venta. El panadero se defiende pegando a uno de los chiquillos cuya  madre acude a darle las quejas y le llama gabacho. Los chicos apedrean la panadería, pero el Francés no perdió la parroquia porque hacía el mejor pan del barrio, aunque tuvo que aguantar un tiempo el manoseo de sus panecillos y que los chavales jugaran con las bellotitas de los haces de retama que traía para el horno. Finalmente llegó la paz y el panadero les repartía los trozos rotos de bizcocho.

El Vivillo fue un bandolero andaluz que se hizo famoso a principios del siglo XX en sus correrías por la serranía de Ronda. Era el décimo de 16 hermanos y de asaltante de caminos pasó a ser picador de toros y terminó como hombre de negocios en Argentina.

La calle  de Lemus se extiende desde la del Espejo hasta la plaza de Santiago. Fue abierta en 1803 y debe su nombre a una casa que hubo en esta calle del Conde de Lemus que cambió su nombre por el de Lemos por indicación de su biógrafo.

ESPEJO

 Esta calle va desde la de Santiago hasta la de la Independencia. Después del abandono del rey cristiano Ramiro II por falta de recursos para mantener la ciudad conquistada, los árabes volvieron a fortificar la zona y en esta calle levantaron una torre de vigilancia para controlar la llegada de los castellanos Estas atalayas son “speculum “ en latín y de ahí deriva el nombre de Espejo.  Algunas casas de la calle se asientan sobre la muralla musulmana.

 En esta calle hay una panadería francesa bastante elegante que puede recordarnos a la del panadero famoso también por comprar los tablones de madera de las vallas de la calle que le llevaban los golfos que dormían en las escalinatas de Santiago y también Barea y sus amigos.

  SANTIAGO

La calle de Santiago que va desde la de Milaneses hasta la Plaza de su nombre, era un callejón con acceso a los  grandes corrales de los hermanos Luzón ,  que se ensanchó con motivo de la llegada de la emperatriz  Isabel, esposa de Carlo V. La calle se volvió a ensanchar con los jardines que lindaban con la casa del Conde Duque de Olivares. En la parte derecha de la calle había un corral en el que se vendía pescado y que se cerró por el mal olor.

En el número 2 nació la beata Mariana de Jesús que fue bautizada en 1564 en la parroquia cercana y de la que se conserva su cuerpo incorrupto en el convento de las mercedarias de Don Juan de Alarcón. La beata era hija del “pellejero” peletero real.

RELOJ

Esta calle debe su nombre al reloj que hubo en la fachada de una  casa de Dª María de Cordova y Aragón, dama de la reina Ana de Austria (esposa de Felipe II) , El actual Senado se levanta sobre una de las casas de esta dama en la Plaza de la Marina Española. Es la única calle que se abre a la derecha de Arenal en el barrio de

9.- Puerta Cerrada 

( Puerta Cerrada. Calle de la Pasa- Plaza del Conde de Miranda- Plaza del  Conde de Barajas- Colegiata- Plaza del Progreso)

 La plaza de Puerta Cerrada, situada en el barrio de La Latina entre la calle Segovia y la de Tintoreros, entre la calle Latoneros y la calle del Nuncio y entre la Cava Baja y la calle Cuchilleros es una de las más antiguas de Madrid.

La plaza debe su nombre a la  antigua puerta construida aquí en el siglo XII perteneciente a la muralla cristiana. Seguramente era la puerta de la culebra que López de hoyos decía que era griega La puerta se llamó así porque permaneció mucho tiempo cerrada debido a la peligrosidad que ofrecía  el lugar: al ser muy estrecha y estar hecha con muchos recodos, los maleantes aprovechaban para asaltar a los que por allí entraban y salían. En 1569 fue definitivamente derribada pero el nombre se ha conservado desde entonces.

Tirso de Molina inmortalizó la zona con esta estrofa:

“como Madri está sin cerca

A todos gustos da entrada;

Nombre hay de Puerta Cerrada,

Más pásala quien se acerca”

La plaza de trazado irregular está abierta al tráfico de coches y es una zona muy transitada. En la plaza destacan los murales  de algunos edificios, la cruz que se levanta en su parte central, el lugar en el que estuvo la casa natal del pintor Claudio Coello y el Palacio Arzobispal.

En la parte más amplia de la plaza se levanta  una gran cruz de piedra de 1783,  que  sustituye a otra más antigua. Desde la cruz, mirando hacia el este, puede verse la cúpula de la Colegiata de San Isidro, antigua Catedral de Madrid.

En una de las pinturas aparece esta frase : “Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”, que hace referencia a un dicho popular que recuerda que la población de Madrid se hizo en un lugar rico en acuíferos, y  lo  del fuego refiere a la chispas  que saltaban cuando los asaltantes de la ciudad lanzaban sus flechas contra las murallas de sílex. El lema completo es : “Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y mi blasón.”

La zona se distingue por la variedad y cantidad de bares y restaurantes típicos. Uno de los más destacados es  Casa Revuelta, uno de los más antiguos, donde sirven unas tajadas de bacalao muy populares en la zona que provocan el debate de si son o no mejores que las de Casa Labra.

Tras este edificio tenemos el Palacio Arzobispal, construido en el siglo XVIII, entre la calle de la Pasa, la calle de San Justo y la Basílica de San Miguel. Se trata de un edificio de traza sencilla y poco adorno. Restaurado en 2004, es la residencia del arzobispo y de los cardenales de la archidiócesis de Madrid.

10.- Plaza del Progreso (de TIRSO DE MOLINA)

  “Cuando llegamos a Cabestreros, donde se rompe la fila, sigue en direccióplaza-tirson a la plaza del Progreso… y hasta la esquina de la plaza no manda romper filas(…) Al día siguiente la fila tuerce en la calle de Cabestreros y no pasamos por el colegio protestante”

 En la novela aparece citada para situar hasta donde llegó la fila del colegio cuando los curas decidieron no pasar por Mesón de Paredes para evitar la zona de la iglesia protestante.

 La  Plaza del Progreso es la cabeza de los barrios bajos. Pertenece al barrio de la Inclusa. Se construyó en 1840 tras la demolición del antiguo convento de la Merced en la época de la desamortización de Mendizábal. En este convento vivió Tirso de Molina cuya celda hacía esquina con la calle de la Colegiata. (El nombre de esta calle recuerda al hecho de que en 1768 la iglesia del Colegio Imperial se convirtió en Colegiata. Aquí estaba el teatro Romea). En este convento han vivido muchos escritores.

La plaza tuvo mucho éxito popular y era un lugar elegido por muchos madrileños que ya huían del bullicio y ajetreo de los barrios más céntricos. Gómez de la Serna la recuerda envuelta siempre en una atmósfera de polvo blanco en la que siempre aparecía un vendedor de relojes que  funcionaban mientras estaba el vendedor que se esfumaba en cuanto había pegado el timo. Y él mismo  destaca  el puesto de té popular nocturno “donde se curan del accidente mortal los que se sienten morir, y la golfería se atempera para seguir esperando, como quien echa aceite en el candil cuando ya está casi completamente apagado”.

El convento de la Merced fue fundado en 1574 por Fray Gaspar de Torres, arzobispo de la Española. Las obras del edificio  y el dinero para las redenciones de cautivos se financiaron a comienzos del XVII con el legado de la viuda de un nieto de Hernán Cortés. La  imagen de Nuestra Sra del Remedio, procedente de los Países Bajos,  gozó de enorme devoción en Madrid.

Los mercedarios y los trinitarios se ocupaban del rescate de los cautivos. Por ello era frecuente ver en las procesiones que se realizaban desde las afueras de la ciudad hasta este convento a los redimidos y redentores y las muestras de gratitud de los beneficiados por esta labor. D. Ramón de la Cruz ironiza ante la falsa  religiosidad de aquel criado ejemplar que cuando lo descubren divirtiéndose con una mujer responde que :

“Las tres viven de la merced

Mire usted si yo le miento”

Algunos historiadores sitúan el nacimiento de  tapeo  en esta plaza. Los frailes de este convento vendían vino de Madrid y para evitar que  entraran moscas o cualquier otro insecto tapaban con  una rebanada de pan el vaso. Este trozo de pan luego sería acompañado de una raja de embutido.

En 1855 se levantó en esta plaza una estatua a Mendizábal que  fue sustituida por la de Tirso el 17 de julio de 1943 sobre un alto pedestal con el título de algunas de sus obras  en sus lados. La escultura  realizada en piedra blanca de Murcia es de Rafael Vela del Castillo.

En el nº 16 de la plaza se abrió a principios del S.XX un negocio abierto por una mujer: Jesualda Prieto Garibaldi que regentó un obrador de flores secas.

En la plaza estuvo el Café del Progreso, famoso por sus patatas fritas y también porque era un  lugar apartado del bullicio, acogedor y pequeño y en él  se concertaban citas amorosas. Uno de sus clientes fue Juan Álvarez Mendizábal antes de ser ministro. Los clientes y camareros lo  conocían con el apodo de Juan y Medio por su elevada estatura.

 11.- El Avapiés

  “ Avapiés era el punto crucial entre el ser y el no ser”

 El  capítulo VII titulado precisamente MADRID  se divide en dos partes que dedica a esas dos zonas que para el niño constituyen su universo:  su barrio (Palacio) y el Avapiés. En la primera parte repasa con alegría y satisfacción su vida en “ su barrio”: los olores, el fresco que sube a los balcones, sus juegos , las tardes  de ocio con su tío yendo al cine, al Parque del Retiro o al circo  a ver a Malléu, la compra de libros en la plaza del Callao, las visitas a la oficina donde trabaja el tío José. El recuerdo  nostálgico y agradable se interrumpe de pronto con un

Es difícil volver atrás”.

Mi Madrid de niño, es una oleada de nubes o de ondas. No sé. Pero, sobre todos los blancos y los azules, sobre todos los cantos, sobre todos los sones, sobre todas las ondas, hay un leiv motiv:

AVAPIÉS

Es el punto más bajo de la escala social que empezaba en la plaza de Oriente , en el Palacio con sus puertas abiertas a los cascos de pluma y a los escotes embrillantados, y terminaba en Avapiés, que escupía el detritus final al otro mundo, a las Américas al Mundo Nuevo”

“el fin de Madrid y el fin del Mundo…. El pueblo había bautizado los confines del barrio. Había “Las Américas” y había además “el Mundo Nuevo”… Hasta allí navegaba la civilización, llegaba la ciudad. Y allí se acababa.

La expresión: Es difícil volver atrás”,  que divide en dos este capítulo es una confesión desgarrada y sincera que muestra  la profunda tristeza,  frustración e impotencia sentida al recordar la miseria de un  barrio  donde no había, ni hay treinta años después de sus recorridos infantiles, ley ni orden.

Reparamos en el cambio de  tono utilizado para mostrar su desgarro al recordar ese mundo lleno de cosas y seres absurdos, de contaminación, de basura y despojo en donde hasta los árboles sufren de epilepsia . Donde solo hay, dice después,” barrancos y laderas de espigas eternamente amarillas, siempre secas y siempre ásperas . Humos de fábrica y regueros de establos malolientes. Pegujales de tierra aterronada, negra y podrida, arroyos sucios y grietas resecas, árboles epilépticos y espinos cardos, perros flacos de costillas en punta, a los de telégrafo polvorientos, con las tazas de cristal rotas, cabras comedoras de papel viejo, botes de conserva vacíos  y roñosos, chozas hundidas de rodillas en la tierra… chiquillos todo trasero y todo tripa con los cagajones chorreando en los muslos… Se llamaba el Barrio de las Injurias.”

La dificultad de recordar esos momentos vividos en este barrio es sobre todo la frustración dolorosa por no haber conseguido nunca sacar de ahí a su madre. Su deseo de hacerse ingeniero, ganar dinero y posición para que ella no tenga que bajar nunca más a lavar las ropas sucias de otros.

La expresividad y  plasticidad  de adjetivos como secas, áspera, resecas, sucios , flacos, polvoriento, roto, vacíos, roñosos, aterronada se completan con el terrible acromatismo del eterno amarillo de las espigas y los malolientes establos y cagajones de aquellos niños que dormían  en las chozas hundidas de rodillas en la tierra. No necesita comentario el significativo contraste de estos adjetivos con los utilizados para describir “su barrio”: callejas antiguas,  viejas y retorcidas, placitas en donde huele mejor…huele a sol por las mañanas.

Llama la atención las pocas referencias al juego infantil en esta zona donde sabemos que jugaba en el amplio portal con los niños de la zona y con los hijos de las otras lavanderas mientras sus madres realizaban su tarea. Desde la buhardilla los lunes y martes del verano sale para acompañar a su madre al lavadero, desde donde se vuelven   con el tío Manuel, cargado con los sacos de ropa, hasta la buhardilla. Él comenta con distancia los juegos de Cerdeño y Sastre en el Barrio cuando recogían espigas verdes o iba el 2º a recoger el carbón de la estación de las Pulgas. Cuando estudiaba Bachillerato comenta que ya no juega con los de la corrala.

De adolescente  vuelve a la casa pero vestido siempre con ropas de señorito y solo se relaciona con las vecinas y familia que lo admiran por su éxito y valía. En el Banco coincide con Pla , un compañero , que  cerca de casa en la calle Relatores. Con él toma cervezas en otros barrios. Alguna vez su hermana le echa en cara que siente vergüenza de decir a sus amistades que vive en esa zona. Cuando empieza Bachillerato se siente aliviado porque no tiene que hacer fila con los niños pobres, aunque tampoco con los ricos porque él puede cursar Bachillerato gracias a las  Matrículas de Honor conseguidas en el Instituto San Isidro. Allí habla con Cerdeño y Sastre y también con los niños ricos.Ya hemos anotado sus sentimientos respecto a esta doble condición de niño pobre criado entre ricos con los que se encuentra ” entre los de su igual”.

Los recuerdos del Avapiés son íntimos y sentimentales y están cargados de un dolor permanente. Por encima de todas las razones contradictorias de cariño y desapego a este barrio, el nombre de Lavapiés le evoca el amor  y ternura que siente por su madre. Otros motivos de apego son sus hermanos, su estancia en  la buhardilla, el colegio y  los pobres como el tío Manuel y la señora Segunda. Vivir la desigualdad social y comprobar la dureza de las vidas de tantos pobres cercanos a él, le hace replantearse sus creencias “ aprendí a rezar a Dios y a maldecirle” y allí cobra fuerza la idea de “ayudar  a subir a todos el escalón de más arriba”. Ese propósito que nunca consiguió..

En estos barrios bajos, probablemente estaba la chabola del señor Manuel, el mozo del lavadero que salvó a Antonio, el cojito, de morir ahogado. Es ese pobre trabajador que llega destrozado por el peso de los grandes talegos de ropa que transporta desde los lavaderos. Su madre y él  le dieron su cama vieja y él la arreglo y pintó de amarillo. El pobre agradecido le regaló un centén  (moneda de oro de diez pesetas de cuando el rey era un niño) que tenía guardado en su baúl. Fuma cigarros liados con las sobras de las colillas que recoge, en una ocasión él le regaló un puro que había pedido  asu tío. El sr. Manuel lo disfrutó mucho.“ Los más felices son los más pobres: nosotros, la Sra Segunda y el Señor  Manuel.”

¿Lavapiés o Avapies?

Existe el nombre de la calle y la plaza de Lavapiés. Este barrio castizo  se sitúa al sureste de la ciudad y se caracteriza por sus calles  empinadas, estrechas y de trama irregular que mantienen  su origen medieval como arrabal que se extendió extramuros de la ciudadela cuando Madrid se convirtió en capital del reino en 1561.

Lavapiés ha mantenido desde entonces su carácter de barrio habitado mayoritariamente por las clases populares de la ciudad. Esto ha dado lugar a edificios peculiares: viviendas de varias alturas construidas alrededor de un patio central, llamadas corralas, cuyo mejor ejemplo lo podemos encontrar en la confluencia de las calles Tribulete y Mesón de Paredes.

Lavapiés es uno de los mejores ejemplos de la tradición castiza y sainetera del pueblo madrileño, que se popularizó en muchas de las zarzuelas escritas a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente en El barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri. Este legado popular típicamente madrileño convive  con las costumbres y tradiciones que aporta la población inmigrante de distintas procedencias que se instaló aquí a finales de los 80, lo que hace de la zona un punto de encuentro de diferentes culturas.

En el ensanchamiento que hace la calle de Lavapiés con la calle de la Cabeza que se conoció como Plazuela de Ludones vivió Elena Osorio, hija de Jerónimo Velázquez y  amante de Lope de Vega que fue desterrado por los libelos y escritos que dirigió contra ella y su familia:

“Estas son tres,/Estas son tres / las que empuercan el barrio / de Lavapiés.

 Lope, Cervantes y Tirso siempre escribieron Lavapiés. En el Siglo XVIII aparece escrito AVAPIÉS y así lo usa D. Ramón de la Cruz. En el XIX vuelve a escribirse como Lavapiés. Répide cree que es un error de pronunciación.

Aquí estuvo el barrio judío de la ciudad, la sinagoga estuvo donde la Iglesia de San Lorenzo. Una parte importante de los judíos conversos,después de la expulsión de los RRCC, se aposentaron en esta zona. Este origen explica que el barrio sea conocido  como el de la manolería: la ostentación como cristianos nuevos  les llevaba a poner al hijo mayor el nombre de  Manuel y de ahí viene que este sea el barrio de los manolos y manolas siempre bien trajeados y con ropajes coloristas. En el siglo XIX estos manolos pasaron a llamarse Chulos y Chulas, palabra de origen árabe: CHAUL que significa muchacho y al principio solo se utilizaba para referirse a los ayudantes del torero. En Rinconete y Cortadillo , encontramos a “ La Marfusa y a la Zaragozana , cada una con su chulo, su cesta y su bota”

El nombre de Chispero se le dio a los habitantes de  Barquillo, San Antón  y Maravillas por su color tiznado por las chispas de la fragua. A unos y a otros se les llamó también Majos y Majas, cuyo origen está en la elección del MAYO o MAYA en las fiestas paganas de Santiago el Verde el 1º de mayo y que celebraba la llegada de la primavera. Por eso el término se usó también para referirse a alguien que  va bien vestido o es gallardo y elegante.

Lavapiés fue famoso siempre por sus buñolerías .

Algunos cronistas señalan la existencia de una fuente o pila de abluciones en la que para purificarse, se lavaban los pies a la salida del barrio los visitantes no judíos. Répide dice que hubo una fuente hasta el XIX en la plaza de Lavapiés.

12.- Calle de las Urosas (actual: De Vélez de Guevara)

La buhardilla está en la calle de las Urosas, en una casa grande con cochera ”.  

 Cuando no está la señora Pascuala, la portera, Barea juega en el portal con los vecinos  al paso y a las bolas o se baja montado en la barandilla hasta aquel día en que se quedó colgado en el piso segundo..

En la buhardilla no hay agua y hay que bajar por ellas hasta la cochera. En la buhardilla hay una ventana redonda con cristalera que se rompió cuando estalló  el polvorín de Carabanchel (*  1902 ). Frente a esta ventana hay un pasillo donde están todas las buhardillas

“La primera es la de la Sra Pascuala , la portera, que es la más grande,  tiene siete habitaciones; después la de la señora Paca, y enfrente la de la señora Francisca, que no tiene más que una habitación , como todas las demás…El pasillo da la vuelta y viene un trozo muy largo que tiene treinta y siete metros… En el rincón hay una ventanita pequeña por la que entra el solo y en medio otra grande en el techo por las que cuando llueve entra agua y se forma un charquito y hay goteras. El suelo es de ladrillos que  cubren con una estera rellena de paja por debajo y se puede jugar en el suelo… En este pasillo está nuestra buhardilla  que tiene el número 9. Luego en un rincón , está el retrete; un cuarto donde me da miedo ie de noche , porque hay unas cucarachas gordas que…cuando se las come la gata de la Sra Antonia suenan como cuando se parten los cacahuetes. De la cochera suben ratas muy gordas y a veces llegan hasta las buhardillas”

Su madre, después de una larga y dura jornada , antes de subir las ciento y pico escaleras,  recoge el cacharro de la leche y después se pone a hacer la cena: patatas fritas con sardinas y un huevo que  completan con un café con leche para él y solo para ella.

Él mientras espera la cena, leeLos hijos del Capitán Grant” de Julio Verne

Los vecinos de la buhardilla  son personas que viven como pueden en unas condiciones extremas de pobreza:

 – Una se llama Antonia, que vive sola y nadie sabe nada de ella.

– Otra la cigarrera que trabajan ella y su hija en la fábrica de Tabacos y “hacen cigarrillos para la reina Victoria ” Barea describe el proceso de liar estos largos cigarrillos y pegarles con goma la boquilla de cartón y recuerda sonriente aquel día en que sustituyeron el agua caliente, con la que ablandaban el pegamento endurecido , por caldo de cocido y tuvieron que tirar todo   porque los pitillos se mancharon de grasa.

– Otros eran el matrimonio sin hijos que protegían a los niños cuando en sus familias iban a pegarles.

La Sra Francisca era viuda y vendía chucherías a los niños en la Plaza del Progreso

  • .La Paca es una verdulera que grita y se viste con una chambra que deja asomar sus pechos. Era una lavandera de la Ronda de Atocha, una “tía”

El nombre de Urosas se debe al apellido de dos hermanas que residían en esta calle y que fueron famosas.

El Ayuntamiento de la ciudad decidió en 1903cambiar el nombre de Urosas por el de calle de Vélez de Guevara, dramaturgo de origen mejicano que vivió en esta calle en el siglo XVII.

En el Nº 7 de  la calle estuvo el Teatro del Instituto desde 1845. El teatro era pequeño,  pero tenía platea y entresuelo y contaba con más de 800 localidades. Lo edificó el Marqués de Sauli, socio del Instituto Español que era una Institución a la que pertenecían muchos literatos y escritores. Después este teatro se llamó de La Comedia y posteriormente pasó a llamarse de Tirso de Molina. Se comenta como un hecho extraordinario el duelo entre el autor Romero Larrañaga y un periodista cuando ambos hubieran deseado no celebrar este enfrentamiento.

En la obra de Larra: “No más mostrador” el protagonista recuerda a su mujer que su abuelo vivió en esta pobre calle de las Urosas

13.- Calle de Mesón de Paredes

En la entrada de la calle de Mesón de Paredes vive la señora Segunda (…) Cuando he bajado esta mañana era una calle distinta”

Barea hace un retrato formidable de esta pobre mujer que vivía en un “hueco que hacía la escalera” en unas condiciones miserables. Ella, pese a la terrible enfermedad de su nariz, era una mujer limpia y bondadosa. Recoge y zurce las ropas viejas que su madre desecha y con ellas se cose unas sábanas que resplandecen por su blancura y cuidado.

Esta mendiga es “religiosa pero va a la iglesia de los protestantes que hay en la misma casa”. No es protestante, pero acude a rezar allí porque alguna vez la socorren. Esta Sra Segunda es la que le presenta al cura al que Barea se acerca por curiosidad  pero con  prevención porque los curas de su colegio hablan mal de los protestantes y dicen que el que entra allí se condena. A pesar de su prevención inicial, es su curiosidad la que le hace pensar que no cree que sean tan malos porque en Alemania y en Inglaterra todos son protestantes y no son anarquistas todos de esos que tiran bombas.

Las estampitas que le da este cura serán la causa de la gran bronca del Padre Vesga que exclama” señor, señor, Hay que atajar el mal de raíz”

Esta señora cuida de su hermana Concha por encargo de su madre.

Barea recuerda varias veces a la Sra Segunda: antes de entrar en el colegio se acerca a saludarla en el cafetín del Manco en la vecina Plaza de Cascorro, en el lugar que se conocía como el “Tapón del Rastro”

El cafetín del Manco en el lugar que hoy ocupa la Plaza de Cascorro

“ Cuando entro a darle los buenos días, todos los parroquianos me miran con extrañeza de que la salude  y la bese. Porque la señora Segunda es una pobre de pedir limosna y además le falta la nariz por un cánce4er que se la ha comido y se le ven los huesos de dentro de la cabeza. En el cafetín no entran los chicos vestidos como yo, porque es el café de los mendigos. Se abre a la caída de la tarde y se cierra hacia las diez de la mañana. Tienen allí mismo una fábrica de churros que luego los revenden por las esquinas. Está lleno de veladores de mármol con bancos de madera… El café que llaman de “recuelo”, lo hacen con los posos de los cafés de Madrid que compran para eso y la leche no sé con que la harán, pero desde luego no debe de ser leche”

Este cafetín del Manco era uno de los cafés más sórdido y desvencijado de los barrios bajos de Madrid. La plaza de Cascorro se abrió en 1914 tras el derribo de la manzana de casas situadas entre las calles del Cuervo y la de San Dámaso. En los bajos de una de las casas de esta última calle estuvo el cafetín del Manco. A pesar de su aspecto y ambiente, el establecimiento fue retratado por Ángel Torres del Álamo y Antonio Asenjo en con su sainete “El chico del cafetín” que se estrenó en el año 1911.

“Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa.: 2018”
Asenjo y Torres, caracterizados con la indumentaria de los parroquianos del Café del Manco.

La clientela de este pobre café la forman los mendigos que  consumen los churros que se rompen ( puntas) y también cachos de bollo a los que llaman “ escorza”, Los porteadores gallegos de la Plaza de la Cebada . esos que transportan grandes serones de fruta desde la Cebada a los barrios de Madrid por un precio inferior al de los carros . Por un real o treinta cts van corriendo y atropellando a los peatones  con uno o dos serones de 50 kg cada uno. Estos pobres a veces completan el menú con un “petróleo”: copa de aguardiente que les cuesta 5 cts, mientras cuentan la calderilla y hacen  montones de colillas a las que van quitando el papel para dejar el tabaco solo”. El cuadro de miseria se completa con esta otra observación: “A los que no tienen casa… el amo les deja que se duerman sobre el mármol de la mesa”

El cafetín es un lugar frecuentado por mendigos, pobres, vagabundos, timadores, cesantes, malhechores y pícaros que consumen café de recuelo, puntas de churros y escorza. El café tenía una mesas de mármol blanco agrietadas, algunos cristales habían sido sustituidos por cartones y los azulejos estaban descascarillados. El establecimiento destacaba por el mal olor y la suciedad. López del Río dice que las cucharillas estaban atadas a las mesas con una cadena para evitar los robos Algunos clientes que pueden permitírselo  se piden un petróleo: copa de aguardiente.

El cafetín abre por la tarde y cierra a las diez. El nombre de Manco se debe a  su propietario, un hombre al que le falta un brazo y que se pasea por el local con una bandolera para ir cobrando a los clientes. Según Barea algunos de los clientes se quedaban a dormir en el local echando la cabeza sobre las mesad de mármol.

El alcalde Alberto Aguilera mandó instalar unas estufas frente a este cafetín  para que los mendigos y vagabundos que dormían en la calle pudieran calentarse en las noches de invierno. Entre la clientela son famosos personajes como Garibaldi, las hermanas Catafalco, Doña Cundi y Madame Pimentón

En la calle de Mesón de Paredes hubo una pastelería famosa por sus hojaldres y varias agencias de amas de cría.

En el número 9 de esta calle se encuentra la famosa Taberna de Antonio Sánchez .

En el número 39 , en la plazoleta que hay enfrente de Cabestreros, estuvo el convento de Santa Catalina, fundado por Catalina Téllez, camarera de Isabel la Católica.

Al final de esta calle casi en la Ronda de Toledo, sitúa Galdós el parador de Santa Casilda,conjunto de casa miserables, alineadas en corredores sobrepuestos, a las que se accedía a través de un corralón lleno de basura y desperdicios inmundos. Allí habitaba Almudena.

 El nombre de la calle se debe a un famoso mesonero llamado Simón Paredes que tuvo en esta calle el mesón más espacioso de Madrid. Uno se de sus descendientes llegó a se guarda del rey Juan II.

14- Calle de La  Encomienda

 “ Se arremolina la gente y los guardias que hay en la calle de la Encomienda vienen corriendo”

 Se refiere al incidente de los curas que guardaban la fila y los que repartían propaganda de la Iglesia de los protestantes. Recordemos el enfado del Padre Vesga. Las primeras estampas  las distribuyó entre sus compañeros el propio Barea. El segundo reparto es el que hace el jorobado, el de la cabeza acalabazada y por ello  los curas deciden que la fila de alumnos no pase por delante de la Iglesia protestante que estaba en el piso 1º de la casa de la Sra Segunda en Mesón de Paredes.

 Esta actuación provoca una reacción habitual en este tipo de enfrentamientos:

”el domingo, cuando salimos de misa, en las mismas puertas del colegio , hay cinco hombres jóvenes repartiendo hojitas entre las filas y a las personas que pasan. Uno de ellos  se acerca al padre Joaquín y con guasa le dice :

– Para los niños , Padre, son palabras de Jesús”.

El enfrentamiento del padre Joaquín con los repartidores se complica con el desbarajuste de las filas y con una pelea en la calle entre los curas y los jóvenes a los que se les une el carnicero con un cuchillo en la mano  : “ si pillo a uno lo rajo”. Una escena pintoresca que zanja el padre Joaquín con una palmada en la espalda del bravo carnicero. En los días siguientes, los padres miran y rebuscan en los libros de los alumnos a ver si hay estampitas y Barea con sorna comenta “ los chicos nos las vendemos a cincuenta güitos ( hueso de albaricoque) cada una o a diez bolas”.

La calle de la Encomienda que une El Rastro, Embajadores con Lavapiés fue una calle muy popular en el tiempo que se desarrolla nuestro paseo.

En el número 16, estuvo desde el año 1908 el Teatro Nuevo dedicado a espectáculos de varietés. En 1911 se convirtió en el Cine de la Encomienda y en los años cincuenta del siglo XX pasó a ser el Cine Odeón, que ha sido derribado hace unos años.

En la misma calle, casi enfrente del anterior, hubo otro cine de barrio muy popular con mucho éxito y el famoso Café de Barcelona, un lugar animado para cantar y bailar que se abrió en 1892 y permaneció hasta 1936, conocido ya como Café de la Encomienda :

Establecimiento actual en el lugar del Café de la encomienda

Se llama de la Encomienda por una casa de D. Pedro Núñez, maestre de la Orden de Santiago que se la dejó a una de las encomiendas de la Orden. La casa pasó muchos años después a D. Álvaro de Lunay posteriormente fue abandonada pero conservó siempre el escudo de la Orden en su fachada. Parte del terreno de esta casa fue utilizado para la construcción de la Iglesia de San Cayetano.

Aquí vivió Francisco Ruiz, arquitecto de San Cayetano y de las Escuelas Pías.

En el número 10 de esta calle estuvo hasta 1911, el estudio de D. Antonio Cansino Avecilla, profesor de baile flamenco llamado Antonio Cansino Avecilla, padsre Con Cansino de una saga de artistas, hijos y nietos, que emigrarían a los Estados Unidos de América en 1913. LA más famosa fue una de sus nietas: Margarita Carmen Cansino, que comenzó su carrera con el nombre de Rita Cansino y luego fue conocida mundialmente como Rita Hayworth. ( Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa.: 2018″

A la Izquierda , D. Antonio con su famosa nieta. A la derecha, el lugar donde tuvo su estudio de baile

15.- Calle de Embajadores

La actual calle de Embajadores  es parte del antiguo  Paseo de Embajadores, pertenece al distrito de Centro. Es hoy una de las calles más largas de Madrid. ​ Nace en la plaza de Cascorro y finaliza en la carretera de Villaverde a Vallecas.

En la calle hay tres tramos: el inicial, histórico y castizo, hasta la Glorieta de Embajadores, el moderno que discurre por los barrios industriales hasta el cinturón denominado Madrid Río en las inmediaciones de la plaza de Legazpi, y un tercer tramo entre la M-30 y la antigua carretera de Villaverde a Vallecas a la altura de la autovía del Sur.

Embajadores, diferenciada como calle y como paseo, aparece ya en los planos de Texeira (1656) y Espinosa (1769). ​

Su  nombre se debe al alojamiento de los embajadores extranjeros en casas de campo y alquerías  situadas en esta zona para evitar el contagio  de la peste que hubo en Madrid en el reinado de  Juan II de Castilla. La zona casi se convirtió en una especie de colonia de embajadas.

Calle de Embajadores. Tramo

Ramón de Mesonero Romanos describe el tramo histórico de la calle :

..la calle de Embajadores, que continúa la de los Estudios y de San Dámaso, hasta el portillo de aquel nombre, cuenta ya bastante caserío y edificios públicos de consideración…/…La iglesia y convento de San Cayetano, principal edificio religioso de aquel extenso distrito, y situada en el número 19 de dicha calle, con vuelta a la inmediata del Oso, es lástima ciertamente que se halle escondida en sitio tan extraviado y en una calle estrecha, donde no puede lucir su grandeza…/…Este templo padeció un horroroso incendio hace algunos años, pero ya se halla restaurado. El convento, fundado en 1644 para casa de seglares de San Cayetano, estuvo ocupado últimamente por la comunidad de San Gil, y ha sido vendido después de su extinción, aunque el templo continúa dedicado al culto. Más abajo, en la misma calle de Embajadores, está el colegio de niñas huérfanas, llamado de la Paz, unido al piadoso establecimiento de la Inclusa, situado a la espalda, en la calle de Mesón de Paredes…/… Este colegio está destinado a recibir y educar en él a las niñas expósitas en aquél, desde que cumplen la edad de siete años, y uno y otro establecimiento corren a cargo de una Junta de Señoras de la primera nobleza. Es una filantrópica y excelente institución, fundada en 1679 por la señora doña Ana Fernández de Córdoba, duquesa de Feria, y dirigida con notable acierto por la expresada Junta de Señoras…

Edificios interesantes:

  • Teatro Pavón inaugurado en 1925 en el n.º 9, muy cerca del arranque de la calle en la plaza de Cascorro, y recuperado para sede del CDN en 2002,. Actualmente es sede del teatro Kamicace [7]
  • ​Casa del arquitecto Pedro de Ribera, en el Nº 26 , frente a la citada iglesia de san Cayetano, de la que fue su último artífice.

En este tramo hubo  una fuente del viaje del Bajo Abroñigal, coronada por una estatua humana y ya desaparecida, que en el plano de Texeira (1656) figura en la confluencia con la travesía de Cabestreros, y que Pascual Madoz describe con dos caños y asistida por nueve aguadores Sí se ha conservado la cercana fuente de Cabestreros. Bordeando el barrio de Lavapies pasa esta  calle de Embajadores ante el Mercado de San Fernando, abierto en 1944 sobre el solar de las Escuelas Pías.

En el Nº 53 (cerca de la Glorieta de Embajadores)  está el edificio de la Real Fábrica de Tabacos, una de las obras públicas realizadas en el reinado de Carlos III, construida entre 1781 y 1792 y recuperada en el siglo xxi como espacio multicultural, en fechas próximas va a pasar a formar parte del Museo Reina Sofía.[]

Al otro lado de la calle, junto al Casino de la Reina, estuvo el Instituto de Veterinaria, institución inaugurada en 1793, ​ y que en 1960 pasó a ser el Instituto de Bachillerato Cervantes. ​

Edificio del antiguo Laboratorio Central de Medicamentos (Instituto Farmaceútico del Ejército), en la esquina de Embajadores con Sebastián Herrera.

En el tramo primero de la calle de Embajadores se conservan algunos edificios representativos del casticismo madrileño en la arquitectura urbana´:

  • En el Nª 15 la Iglesia de San Cayetano

La iglesia de San Millán y San Cayetano de estilo barroco comienza a construirse en 1669 bajo la dirección del arquitecto Marcos López.  Las obras fueron continuadas por José de Churriguera y Pedro de Ribera y finalmente la construcción del templo  la realiza  Francisco de Moradillo en 1761. La iglesia se levantó sobre el solar del convento de Nuestra Señora del Favor

La fachada, levantada por Moradillo, fue construida en granito,  y destaca por las  ocho robustas pilastras rematadas con capiteles de orden compuesto. Las pilastras de los dos extremos encuadran las dos torres y entre las cuatro del centro se disponen tres arcos de acceso de medio punto. Sobre los arcos de la fachada se colocaron en hornacinas ricamente decoradas las estatuas de San Cayetano, de Nuestra Señora del Favor, y de San Andrés Avelino, realizadas en piedra por Pedro Alonso de los Ríos.

La planta es de cruz griega,  tiene  tres naves y cuatro capillas cerradas con sus correspondientes cúpulas, más una gran cúpula central de tambor sobre pechinas.

En la Guerra Civil el retablo del altar mayor y  las obras de arte que guardaba en el interiorfueron quemados. El retablo actual, realizado por Manuel Paradela Segade, imita modelos barrocos, con copias de cuadros famosos del Museo del Prado. La austeridad interior deja al descubierto la  calidad de los detalles (ménsulas, pilastras, cornisas), y el enlucido claro dota al interior de una intensa luminosidad. En una de las capillas, bajo una sencilla lápida, se encuentra la sepultura de Pedro de Ribera, el arquitecto principal del edificio, que vivía en la casa frontera con la iglesia y fue feligrés de la misma toda su vida.

La actual iglesia de San Cayetano tiene su origen en la iglesia del Convento de Nuestra Señora del Favor, ya desaparecido. En este lugar existió en su día un oratorio dedicado a san Marcos y a Nuestra Señora del Favor, fundado en 1612 por Diego de Vera y Ordóñez de Villaquián. El lugar de erección del oratorio fue el de unas casas de su propiedad en la calle del Oso. Treinta y dos años más tarde, el padre Plácido Mirto funda una casa de teatinos en el lugar. La iglesia quedó bajo la advocación de san Cayetano de Thiene, cofundador de la orden teatina.En 1822, durante el trienio liberal, se decreta por parte del Gobierno el traslado de los teatinos a un convento de Zaragoza, quedando totalmente abandonado el edificio, el cual y de una manera provisional fue cedido a los frailes franciscanos de San Gil, llamados popularmente gilitos, mientras se reconstruía su convento, destruido durante la ocupación francesa. En 1836 y debido a la desamortización de Mendizábal, el propio convento pasa a ser destinado a viviendas, quedando sólo la iglesia original destinada a servicios religiosos.En 1869 se produce el traslado de la sede de la derribada parroquia de San Millán Abad, sita en la plaza de la Cebada, a esta iglesia, creándose así la iglesia parroquial de san Millán y san Cayetano.

La iglesia resultó incendiada con latas de gasolina el 19 de julio de 1936, por grupos descontrolados de la extrema izquierda. Solo quedó en pie la fachada, gracias a las labores de mantenimiento que realizó Fernando Chueca Goitia durante la guerra. En 1960 una comisión de eclesiásticos y laicos que, entre otros, integraba la duquesa de Alba, aprueba la reconstrucción del templo, reabierto al culto el 6 de agosto de 1962.

En 1980 el templo fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional. En la actualidad tiene el estatus de Bien de Interés Cultural.

– en el número 31, la fachada del “Salón de Peluquería”,es una  joya de la azulejería madrileña.

–  en el número 84, junto a la Glorieta, la “Freiduría de Gallinejas de Embajadores” continua sirviendo este plato emblemático de la gastronomía madrileña, su interior conserva también interesantes muestras del arte del azulejo en el comercio madrileño.

A partir de 1868, año del derribo del portillo de Embajadores, se inició la necesaria expansión de Madrid.[12]​ La estrecha calle se convirtió en un Paseo de Embajadores siguiendo las modas del urbanismo europeo de la época y dando acceso al futuro barrio de las Peñuelas.

En la parte moderna de la Glorieta se instaló entre 1920 y 1930 la Casa de Baños de la Glorieta de Embajadores, cerrada en 1989 e inaugurada en un edificio totalmente nuevo tras su demolición en 2001.

El paseo de Embajadores prolongó la calle en línea recta. En su recorrido, quizá el edificio más notable fue el antiguo Laboratorio Central de Medicamentos, que albergó entre 1928 y 2015 el Museo de la Farmacia Militar. La calle desciende hacia el río Manzanares conservando viviendas de comienzos de siglo xx, llamada por su tono “de estilo Salmón“. A finales de ese siglo se realizó un paso subterráneo que conectaba el tráfico de la calle con la M-30.

Dejando a un costado la plaza de Legazpi y coincidiendo en un breve trecho con la Avenida del Planetario, la calle continúa buscando el río y cruzándolo en el conjunto circulatorio del nudo Sur, bordeando luego el Parque del Manzanares por el viejo Camino de Entrevías, junto a la Autovía de Andalucía, y tras un pequeño regate, desembocar por debajo del barrio de Entrevías en la carretera de Villaverde a Vallecas, no muy lejos de la Caja Mágica.

  16.- Calle de Cabestreros

  “Cuando llegamos a Cabestreros donde se rompe la fila,  sigue en dirección a la Plaza del Progreso (…) y  hasta la esquina de la plaza no manda rompe filas. Al día siguiente la fila tuerce en la calle Cabestreros y no pasamos por el colegio protestante”

 El nombre de esta calle se debe a los cordeleros de cáñamo que vivían en esta calle y   a los que se les llamaba cabestreros. Su patrono era San Antonio Abad al que el  gremio de los cabestreros dedicó una capilla en la Iglesia de San Cayetano. En la celebración de la fiesta de San Antón, este gremio realizaba  “la romería de los gitanos” en la que se daba una vuelta a la Iglesia de San Cayetano con las mulas enjaezadas para recibir la cebada bendecida en un altar portátil que  colocaban en la puerta de la Iglesia. La fiesta se completaba con una animada feria y una procesión por las calles de Embajadores hasta el Rastro donde estaba el ganado de cerda. En la procesión se representaban las tentaciones de San Antonio en el desierto. La fiesta acababa con fuegos artificiales, baile y abundante comida.

En la época se decía que“ es muy macho porque ha bebido el agua de Cabestreros”. Hubo dos fuentes en la zona que se llamaban de Cabestreros. Estaban en la calle de Embajadores y en la de Mesón de Paredes  junto a la actual travesía de Cabestreros cerca del Colegio de monjas de la PAZ. Hoy queda una réplica de una de las fuentes en un ensanche que hace la calle.

Fuente de Cabestreros

Los cordeleros se trasladaron después a la cercana calle de Toledo.

En  la zarzuela se ha cantado el carácter alegre y divertido de las manolas de la zona:

“Yo he nacido en Ministriles,
bautizada en Maravillas,
me he criado en Cabestreros
y me he educao en las Vistillas
Y por eso como veis,
yo soy madrileña
de la cabeza a los pies

  La boda de Cayetana (1915)Zarzuela de Torres del Álamo y Asenjo

La fuente de Cabestreros en el ensanche que hace la calle Mesón de Paredes para abrir la  actual Plaza de Nelson Mandela que recibe este nombre desde 2014. Antes se llamaba  Plaza de Cabestreros.

Entre esta calle y la calle del Oso, nº 19, se conserva una corrala. Un colectivo de recuperación del patrimonio madrileño señalaba en 2015 que “aunque registralmente estén segregadas ambas fincas, histórica y constructivamente forman unidad y muestran elementos comunes en continuidad, como los propios informes municipales reconocen. Al ser una finca cuya entrada de carruajes al patio, situado en cota más baja que la calle del Oso, debía hacerse precisamente por la calle de Cabestreros, el conjunto de las dos fincas actuales cobra especial relevancia y debería tratarse con sumo cuidado, e incluso debería revisarse al alza el valor estructural asignado a la casa de Oso, 19, que guarda su configuración original, portada de piedra labrada en puntas de diamante, portalón y escalera, y patio característico con galerías de madera”.

 17.- Calle de Sombrerete

 Esta calle se abrió en 1872. El origen del nombre se relaciona con dos razones: una a que en la calle hubo una fábrica de sombreros. La  más extendida se refiere a l proceso del pastelero de Madrigal, D. Gabriel de Espinosa, que fue condenado a muerte por haberse hecho pasar como el rey D. Sebastián de Portugal. En la Plaza Mayor fue ahorcado este D. Gabriel junto con Fray Miguel de los santos, confesor del rey portugués.  D. Gabriel fue conducido a la horca con un sombrerete que luego fue paseado en un  palo hasta que lo abandonaron encima de un montón de estiércol que había delante de las Escuelas Pías. Este tema fue tratado por Zorrilla en “Traidor, confeso y mártir”

 18.- Calle de Tribulete

“Viven él (tío Julián) y sus chicos- siete- en una casa de corredor de la calle del Tribulete”.

La calle ocupa hoy parte de lo que fue cementerio del Hospital de la Corona de Aragón. Allí fue enterrado Guillén de Castro.

El nombre se debe al juego de tribulete que había en la zona y que aparece dibujado en la cerámica  con el nombre de la calle. Probablemente esta zona fuera un lugar en el que muchos jugaban apostando a este juego.

En el número 16 hubo estuvo hasta 1993 el Teatro Lavapiés que el Ayuntamiento demolió desatendiendo el criterio de los vecinos. En este lical funcionó el Molino Rojo.

En la esquina de Tribulete  con la Plaza de Lavapiés hubo una fábrica de Coches en época de Fernando VII y frente a ella la primera  fábrica de Cerveza de Madrid que se derribó para dar acceso a la calle de Argumosa.

 19.- MI COLEGIO  ( Mesón de Paredes,68)

Escuelas_Pías_de_San_Fernando_(Madrid)_01

Foto de Luis García

“ [el colegio está] Al final de la calle de Mesón de Paredes, en el Avapiés. Es un  antiguo convento de frailes que hace cincuenta años se quedó vacío porque hubo una revolución(…) Después vinieron los Escolapios y pusieron allí el colegio, que se llama Escuela Pía de San Fernando (…) La escuela pía tiene una clase de comercio para los chicos pobres”.

 “Algo más abajo, en la misma calle, o más bien en una plazuela que se forma delante de él, está el Colegio de San Fernando, a cargo de los padres Escolapios, fundado en 1729, y colocado bajo la protección de la villa de Madrid en 1734, en el cual reciben la instrucción primaria gratuitamente unos 2.000 niños, y además se admiten alumnos internos, que pagan una pensión diaria, y para los cuales hay cátedras de Gramática, Latinidad, Historia, Geografía, Matemáticas, etc. -El templo propio de esta casa es uno de los más bellos de Madrid, por su planta, que consiste en una amplia rotonda precedida de un espacio cuadrangular, que hace veces de nave, y cubierta por una hermosa cúpula, que sobresale notablemente entre todas las de Madrid. Fue construido por el hermano Miguel Escribano, y terminado en 1791, y la bella colección de esculturas que decoran sus altares, obras todas de los artistas modernos, llama justamente la atención de los inteligentes.”(Mesonero Romanos)

La Escuelas Pías de San Fernando, nº 68 de la calle aunque  tenía entrada por Tribulete,  fue el primer colegio de los Escolapios en Madrid. Es anterior al de SAN ANTÓN en Hortaleza. Las ruinas fueron declaradas de Interés público en 1966.

Sobre el solar del antiguo colegio de San Fernando se levantó en 1729 un colegio que luego sería conocido también como el colegio de Lavapiés en los terrenos del que había sido Hospital de Nuestra Señora de Monserrat que estuvo en la esquina de Cabestreros con Tribulete. El colegio ocupaba un amplio espacio entre las calles de Embajadores, Sombrerete, Tribulete y Mesón de Paredes junto a la ermita de El Pilar.  El párroco de San Justo  cedió la ermita a los Padres Escolapios  que construyeron  la iglesia de las Escuelas Pías en el año 1734. La construcción la realizó el arquitecto barroco Francisco Ruiz, contemporáneo de Ribera y un poco más joven que J. Benito de Churriguera que había nacido en el nº 2 de Mesón de Paredes. En ese tiempo parece que el colegio se llamó Colegio de Nuestra Señora de la Portería por una imagen de la virgen que había en la puerta. Unos años más tarde, en 1761, el colegio se amplió con la adquisición de tres casas. Este colegio llegó a tener hasta 2000 alumnos. En 1795 fue el primer centro que abrió en España una escuela de sordomudos. Durante el S XIX se amplió el centro y se instalaron la Biblioteca, imprenta propia Gabinete de Hª Natural, de Física , un amplio comedor para los alumnos y sala de visitas.

La iglesia contaba con importantes esculturas y pinturas: San Juan Bautista de Pereira, Un san José, una Virgen de las Angustias y una imagen de San José de Calasanz,, fundador de las escuelas y varios cuadros de Ribera

Las escuelas contaron con el patrocinio de los reyes Fernando VI, Carlos III y Carlos IV.

En 1808 la comunidad de escolapios fue suprimida y se destruyó la Biblioteca. La comunidad fue reconstruida por el Padre Losada en 1814 y en 1838 el colegio atendía a 1660 alumnos con escasas posibilidades económicas.

El colegio atendía las necesidades delos alumnos más necesitados:

  • Enseñanza gratuita en primaria.
  • Enseñanza de Bachillerato gratuita a alumnos pobres con MH.
  • Enseñanza para adultos en horario nocturno.
  • Enseñanza de la doctrina a los sirvientes los domingos.
  • Reparto de trajes a 100 niños tres o cuatro veces al año.
  • Reparto de comida: Cerdeño come y se lleva un puchero para casa.

En la Guerra civil el edificio, fue incendiado y saqueado por cenetistas  el 19 de julio de 1936. Solo quedó en pie las ruinas de la iglesia; fachada, crucero con el tambor de la cúpula y algunos elementos de decoración A diferencia de los otros edificios, no se reconstruyó, sino que se mantuvo tal y como quedó tras el incendio hasta el año 2002, en el que se aprovecharon las ruinas para construir una biblioteca y un Centro Asociado de la UNED.

Después de la Guerra Civil llegó a usarse como sala de cine.

Durante décadas, las ruinas de la iglesia permanecieron en un estado de total abandono. Después de la  Guerra Civil, el espacio que había sido colegio se transformó en el teatro Lavapiés, derribado en los años noventa, y en el Mercado de San Fernando con fachada a Embajadores..

En 1999 se realizó una gran reforma del edificio para instalar  una sede de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) y la  iglesia se transformó en una estupenda biblioteca.

La comunidad escolapia   se trasladó al número 44 de la calle  Gaztambide, en el barrio de Arguelles, un edificio  amplio que empezó a impartir clases el 5 de octubre de 1941. Este colegio permaneció en Arguelles hasta los años 70 en que se trasladó a su actual ubicación en Pozuelo de Alarcón.

Arturo Barea refiriéndose al incendio y saqueo del edificio de Mesón de Paredes en “La llama” afirma que las Escuelas Pías llevaban ya algún tiempo siendo utilizadas como polvorín por la Falange, que realizaba instrucción militar en su patio bajo el manto de una asociación católica. El 19 de julio de 1936 una ametralladora disparó desde la torre hacia las calles de Embajadores y Mesón de Paredes, matando a un transeúnte e hiriendo a otros cinco.

En el nº 66 de Mesón de Paredes estuvo el Hospital de Maternidad y la Inclusa. Estos edificios fueron derruidos y se construyeron unos edificios de viviendas . En la esquina una placa recuerda que Eloy Gonzalo vivió en la Inclusa.

La cofradía de Nuestra Señora de las Angustias se estableció en 1567 en el Convento de la Victoria (Sol) y en 1572 decidió recoger a los niños “expósitos” que eran abandonados en los atrios de las iglesias o en los portales. La institución se traslada en1800 a la calle de Mesón de Paredes. Según Quintana, el nombre de Inclusa se debe a una Virgen que se veneraba en la capilla de la Iglesia y que un soldado de los tercios de Flandes trajo desde la ciudad holandesa Enckussen.

En un terreno anejo a la Inclusa, en Embajadores la marquesa de Feria fundó el colegio de Niñas de la Paz en 1679 para proteger e instruir a las niñas de ña Inclua

Frente a esta fachada observar una de las corralas de Lavapiés delante de la que se representan obras y espectáculos durante el verano.

Barea recibió aquí la enseñanza primaria y hasta tres cursos de Bachillerato. En el capítulo nos deja un amplio retrato del Centro, de los curas y de la enseñanza.

 “ Lo primero que se aprende es a estar en fila, en silencio. Orden , Silencio!! Antes que aprender la letra a se aprende a estar en fila, callado. Luego se aprende a leer… Se prohíbe adelantarse unos a otros en la fila. El puesto adquirido en la fila es un  privilegio!.

En fila de a dos como los militares, los presos de la Modelo o las procesiones , van los alumnos a misa y salen de la iglesia,. Salen de la clase y en fila de a dos se dirigen a la calle cuidados siempre por un cura lo mismo hacen los curas cuando van a misa o cuando entrar a comer.

Cerdeño, Sastre y él no tienen fila porque en Bachillerato no hay grupo de niños pobres y ellos no pueden alinearse con los ricos. Se quedan detrás donde nadie los ve ni los  mira y pueden hablar de rodillas sentados sobre los talones de sus botas con los mil chicos delante y los catorce curas detrás.

De todos los profesores, admira al padre Joaquín y al prefecto por su bondad y sensibilidad con alumnos y padres. En general dice de ellos que todos estaban un poco locos y que vivían de forma austera. Del profesor Pinilla que les daba matemáticas señala que no era profesor y que sabía menos que él. Los curas no necesitan ser maestros para enseñar.

El padre Joaquín, profesor de Gª e Hª era vasco y fuerte, amante de la música y de los animales, jugaba  con los alumnos en el patio y enseñaba como si contara un cuento. Con  él aprendían los alumnos sin enterarse. En el terreno humano era un hombre cercano y justo. A Barea lo defendió contra aquel minero rico, padre de Nieto, un alumno torpe y tb lo comprende cuando el muchacho rechaza la oferta de entrar interno en el colegio como alumno pobre en Bachillerato. Unos años más tarde, Barea se lo encuentra en el Retiro con su mujer y su hija, hecho que le deja mudo. En su adolescencia, acude varias veces al colegio para charlar con él.

De otros curas tiene peor recuerdo. Sobre todo del padre Vesga,que impartía la clase de Religión y era un personaje odioso, vengativo , pederasta y cruel con los alumnos a los que vigilaba para sorprenderles en algo y castigarlos. Sus castigos eran tan crueles que alguna vez el prefecto tuvo que intervenir sancionándolo. ERA UN JESUITA. Les hacía aprender el credo en latín y cuando no sabían algo , lo mandaba copiar hasta 200 veces. Fue el que sorprendió a Cerdeño con una estampa de los protestantes y armó un lío tremendo tanto en la clase como en las filas. Tampoco les dejaba leer las novelas Ilustradas de Blasco Ibáñez. Las ponía como ejemplo del mal, frente a las novelas de Ahora de la casa Sopena que eran las recomendadas por el Centro.

Conserva un recurdo entrañable del maestro de Méntrida que lo invitó a comer coido y lo llevó al campo para ver animales.

20.- Plaza de Arturo Barea

En el nª 66 de Mesón de Paredes estuvo el Hospital de Maternidad y las ruinas de la antigua Inclusa, Estos edificios fueron derruidos y se construyeron unos edificios de viviendas . En la esquina una placa recuerda que Eloy Gonzalo vivió en la Inclusa.

Se crearon tres plazas; Corrala, Iglesia y Sombrerete, esta última tuvo una fuentede delfines como la de San Ildefonso y se conocía como la plaza de Agustín Lara. En 1975 se levantó en la zona una estatua de este músico mexicano. En 199 se retiró la estatua y en la plaza se realizó un aparcamiento. Posteriormente se volvió a colocar la estatua de Agustín Lara, pero nunca se puso nombre oficial a la plaza.

El 4 de marzo de 2017 se dedicó este espacio  a Arturo Barea .









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